martes, diciembre 06, 2011

Cómo pasar en el 11-M de impostor a testigo de cargo

EL MUNDO
EDITORIAL
06/12/2011

Cómo pasar en el 11-M de impostor a testigo de cargo

SI AYER cuestionamos el primer testimonio que sirvió como prueba de cargo contra Zougam en el juicio del 11-M, hoy aportamos datos que arrojan serias dudas sobre la fiabilidad de la declaración del último de los tres testigos que dijo haberle visto en los trenes.

De entrada, la testigo protegido J-70, a la que el tribunal concedió credibilidad, había sido rechazada previamente como víctima del 11-M en dos ocasiones. Es sabido que tras los atentados, muchas personas intentaron obtener la consideración de víctimas, tanto por la indemnización que ello comportaba como, en el caso de inmigrantes sin papeles, porque suponía su regularización inmediata.

J-70, ciudadana rumana, carecía en 2004 de permiso de residencia. El tribunal de evaluación dispuesto por Interior no encontró ningún motivo para considerarla víctima y rechazó su reclamación. En febrero de 2005, 15 días después de que le fuera negada esa condición por segunda vez, y tras ir a la asociación de Pilar Manjón a pedir ayuda para ser regularizada, es cuando J-70 declaró haber reconocido a Zougam. Eso le permitió obtener de inmediato la condición de víctima y recibir 48.000 euros de indemnización, pese a que su relato resultara poco consistente.

Sorprende, por ejemplo, que J-70 no hubiera identificado a Zougam durante sus reiterados intentos ante las autoridades para que la reconocieran como víctima, que se le encendiera la bombilla justo dos semanas después de que la rechazaran -en una resolución que ya parecía definitiva- y que lo hiciera, nótese bien, casi un año después de la masacre. Además, aseguró que viajaba en el tren junto a una amiga rumana -la tercera testigo protegido en el juicio- pese a que ésta, cuando fue declarada víctima, no dijo que ella le acompañara.

Es cuanto menos chocante que J-70 -considerada por los técnicos una impostora, hasta el punto de que llegaron a descartar su presencia en los trenes- pasara de repente a ser valorada como uno de los testigos fundamentales. Pero más grave aún es que todas estas circunstancias no se incluyeran en el sumario y se le omitieran al abogado de la defensa. Y a la vista de lo que hoy sabemos, resulta espeluznante repasar las actas del juicio en la Audiencia Nacional. Porque cuando dos letrados plantean su lógica extrañeza por el hecho de que la testigo tardara 11 meses en reconocer a Zougam, el presidente del tribunal, Gómez Bermúdez, les interrumpe de forma abrupta y les obliga a cambiar de asunto.

Por si no hubiera suficientes elementos para poner en cuarentena la verosimilitud de los testimonios contra Zougam, nuestra investigación revela que los tres testigos que dijeron haberle visto en los trenes son rumanos, que los tres carecían de papeles, que los tres residían en el mismo barrio de Alcalá de Henares, que los tres compartían el mismo círculo de amistades y que los tres identificaron únicamente al marroquí después de que la Policía mostrara públicamente su imagen presentándolo como autor de la masacre. Habrá quien argumente que todo puede ser fruto de la casualidad, pero también quien vea motivos sobrados para interponer una querella por falso testimonio.

No hay que olvidar que por esos testimonios que el tribunal consideró «sin fisuras», únicamente por ellos, Zougam fue condenado a más de 40.000 años de cárcel como autor material de los atentados. Ninguna otra prueba medianamente consistente le incriminaba en ese insólito juicio del 11-M en el que, como ahora vemos, quien fue considerado impostor acabó siendo testigo de cargo.

Hoy, Día de la Constitución, conviene recordar que la Justicia, viga maestra del Estado de Derecho, se fortalece cuando es capaz de corregir sus errores.

De falsa víctima a testigo de cargo

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
JOAQUÍN MANSO MADRID
06/12/2011
ESPAÑA

Interior ocultó que la testigo J-70, que tardó un año en denunciar a Zougam y determinó su condena, había sido descartada por sus técnicos para las indemnizaciones sólo 15 días antes

La testigo protegido J-70, que es una de las tres personas cuyo testimonio fue determinante para que Jamal Zougam fuese condenado como autor del 11-M, tardó casi un año en denunciar que había visto al marroquí en el tren que hizo explosión en la estación de Santa Eugenia.

Tenía un motivo. Lo hizo sólo 15 días después de que, el 24 de enero de 2005, Interior la rechazase como víctima de los atentados y le retirase el derecho a cobrar una indemnización y a obtener los papeles para residir legalmente en España.

Los técnicos del Ministerio la examinaron dos veces y ni siquiera la creyeron cuando dijo que viajaba en los trenes. Ese dato se ocultó después al sumario y la defensa no lo conocía cuando la testigo protegido declaró en la vista oral.

Su declaración tuvo los efectos deseados. El 7 de febrero de 2005, J-70 acudió por primera vez a acusar a Jamal Zougam ante la Audiencia Nacional e, inmediatamente, los forenses de esa sede judicial la incluyeron en el listado de víctimas, según se desprende de la relación que aparece en el auto de procesamiento. Entonces no sólo dijo que sería capaz de reconocer a una persona a la que había visto en el tren un año antes, en una situación que en aquel momento era propia de la vida cotidiana, sino que aseguró que «llevaba gafas y una gorra». Ningún otro testigo dio esa descripción.

J-70 identificó después a Zougam ante el juez Del Olmo, en dos ruedas de reconocimiento y en el juicio, en el que afirmó que nunca había visto el rostro de Zougam en prensa o televisión. Terminó cobrando 48.000 euros, que invirtió en construirse una casa en la localidad rumana de Jibou, cercana a su pueblo natal, aunque sigue residiendo en España.

Habían pasado 11 meses desde el atentado. En todo ese tiempo, ella había acudido al menos cuatro veces a dependencias de la Policía o del Ministerio del Interior para pedir los papeles o el dinero del 11-M y se había personado en el sumario, sin que nunca antes hubiese dicho ni palabra de que había visto al posible asesino de 191 personas.

El 24 de enero de 2005, el Ministerio del Interior había descartado incluso que J-70 fuese en los trenes. Un dato avalaría esta hipótesis: no figura en la relación de personas que fueron atendidas en los hospitales de la Comunidad de Madrid el 11 de marzo de 2004.

La tardanza de J-70 en declarar contra Zougam es difícilmente explicable, y más porque su amiga la también testigo protegido C-65 compareció muchos meses antes.

EL MUNDO ha acreditado que J-70 tuvo múltiples oportunidades para hacerlo: el 17 de marzo de 2004, menos de una semana después del atentado, acudió ya a la Comisaría General de Extranjería a pedir un permiso de residencia provisional como víctima de los atentados. Y no dijo nada. La Delegación del Gobierno se lo concedió tres días después, pero condicionado a que superase el examen de los técnicos de Interior, que debían acreditar que viajaba en los trenes.

El 20 de julio de 2004, J-70 entregó una solicitud en la Dirección General de la Policía para que le pagasen la indemnización. Tampoco dijo nada de Zougam. Pocos días después, un bufete de Madrid presentó en la Audiencia un escrito firmado por ella para personarse en el sumario. Otros 37 rumanos suscribieron ese escrito. Entre ellos, estaban también los testigos R-10 y C-65.

Antes de que finalizase el verano de ese año, la testigo J-70 fue examinada por un equipo de médicos, psicólogos y trabajadores sociales de la Seguridad Social que evaluaban para Interior a las víctimas del 11-M. Tampoco les dijo que hubiese visto a Zougam. El 30 de septiembre de 2004, ese equipo emitió un dictamen en el que determina que «no se acredita el necesario nexo causal entre las lesiones alegadas y el atentado terrorista». No se creyeron que estuviera en el tren, pero el 27 de octubre se le dio la oportunidad de recurrir.

En noviembre de 2004, ya en situación límite, J-70 presentó alegaciones en la Oficina de Apoyo a las Víctimas de Interior, ante una subsecretaria. La única novedad fue que entregó una fotografía que había publicado una revista -y que también obra en poder de este diario- en la que ella asegura que puede vérsele entre las víctimas agolpadas en la estación de Santa Eugenia tras el atentado. Pero tampoco dijo que había visto a Zougam. Interior tampoco la creyó entonces: se lo comunicaron el 24 de enero de 2005.

En conversación con EL MUNDO, la testigo protegido argumentó así la tardanza en declarar: «No lo dije antes porque tenía mucho miedo».

El caso es que, sólo después de que Interior la rechazase, J-70 decidió acudir a la Audiencia a denunciar a Zougam. Aunque no aportó ninguna documentación que no hubiese sido ya examinada, esa acusación fue suficiente para que ahora sí creyesen que iba en el tren.

El testimonio de J-70 es muy importante, porque corrobora el de su amiga, la testigo C-65, que había acudido a denunciar al marroquí mucho antes: el 1 de abril de 2004. En esa declaración, C-65 no dijo que fuese acompañada por esta amiga.

Cuando EL MUNDO le preguntó a J-70 si su amiga la intentó convencer para que declarase al mismo tiempo que ella, ésta lo niega rotundamente y atribuye su decisión de ir a la Audiencia un año después a su deseo de «hacer Justicia».

El ciudadano marroquí Jamal Zougam, la única persona a la que el tribunal halló culpable de colocar las bombas del 11-M, fue condenado a pasar 40 años de su vida en una celda de aislamiento bajo la única prueba de cargo, según admite el Supremo, del testimonio de dos personas que aseguran haberle visto con una mochila en el tren de Santa Eugenia: las testigos C-65 y J-70 (que en el juicio dijeron que iban juntas en el quinto vagón). La Audiencia también consideró testigo de cargo a R-10 (un hombre que dijo que viajaba en el cuarto vagón y luego ni siquiera compareció en el juicio) y cuya versión de los hechos (publicada ayer en EL MUNDO) contradice lo reflejado en la sentencia.

Es decir que, de los cientos de personas que viajaban en el tren ese día, tres dicen haber visto a Zougam. Los tres lo acusaron después de que su fotografía hubiese sido difundida por todos los medios de comunicación y de que la Policía lo señalase públicamente como autor del atentado. Y los tres son ciudadanos rumanos que no tenían papeles para residir legalmente en España, vivían en el mismo barrio de Alcalá de Henares y compartían el mismo círculo de amistades, según ha acreditado la investigación de EL MUNDO.

Los tres regularizaron su situación en nuestro país después de acusar al marroquí, al serles reconocida la condición de víctimas de la matanza.

Según relató la testigo J-70 a este diario, después de que Interior rechazase por segunda vez su solicitud, acudió con su amiga la testigo C-65 a pedir ayuda a la asociación de Pilar Manjón. Principalmente, porque si no obtenía los papeles, no se le permitiría la entrada a España a su hija adolescente hasta que Rumanía entrase en la UE.

Bermúdez impidió dos veces que la testigo J-70 respondiese a la pregunta clave

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
JOAQUÍN MANSO MADRID

06/12/2011
ESPAÑA


«¿Por qué tarda un año en declarar?»


El presidente del tribunal del 11-M, Javier Gómez Bermúdez, impidió en dos ocasiones durante el juicio que los abogados de las defensas pudiesen preguntarle a la testigo J-70 por qué tardó casi un año en acudir a denunciar a Jamal Zougam si su amiga, la testigo C-65, lo había hecho tantos meses antes.

La actuación de Bermúdez impidió conocer cuál podía ser la motivación de la testigo, dato determinante para valorar su fiabilidad, según expone el propio Tribunal Supremo, y que, sin duda, habría tenido un notable impacto ante la opinión pública. Fueron múltiples las ocasiones en las que el presidente del tribunal interrumpió el interrogatorio a las testigos que dijeron haber visto a Zougam en la sesión del juicio del 13 de marzo de 2007, pero dos destacaron por encima de las demás:

Antonio Alberca (abogado de Rafá Zouhier).- Sí, con la venia. ¿Por qué tarda un año en ir... un año y dos meses desde que ocurren los hechos hasta que va a comisaría a prestar declaración?
Bermúdez.- No ha lugar a la pregunta. En primer lugar, no va a comisaría, con lo que el presupuesto es falso. En segundo lugar, la respuesta la tiene usted en el propio sumario, si se lo mira, por favor, y es que pasa por la oficina de atención a víctimas y es ahí donde la remiten al juzgado.

Y hubo una segunda ocasión:

Andreas Chalaris (abogado de Rachid Aglif).- Mi pregunta es exactamente ésta: ¿por qué tiene distinta fecha de la otra... [testigo]?
Bermúdez.- ¿Cuál es la fecha distinta, señor letrado? Por favor. Es que sigo sin entenderle hasta yo. ¿Cuál es la fecha distinta? Vamos a ver: una testigo es llamada por la Policía. Eso está en el sumario porque ya ha pasado. Y esta testigo no aparece hasta que la reconocen en la Oficina de Víctimas.

Chalaris.- Y la otra...
Bermúdez.- Lo tienen ustedes... lo tienen ustedes en el folio 44.109.

Chalaris.- Exactamente ésta es mi duda: ¿por qué no coincide con su amiga en el mismo, en el mismo íter de...?
Bermúdez.- Pregúntele usted a...

Chalaris.- ¿Por qué, señora...?
Bermúdez.- No, a la testigo no. Le tendrá que preguntar usted a las fuerzas de seguridad o al juzgado. ¡Yo qué sé! A la testigo, desde luego, no. Otra pregunta, por favor.

El argumento con el que el presidente del tribunal impide la pregunta (que «esta testigo no aparece hasta que la reconocen en la Oficina de Víctimas») es falso o, al menos, equivocado. J-70 ya había sido reconocida en dos ocasiones en la Oficina de Víctimas del Ministerio del Interior a lo largo de 2004, y no dijo que hubiese visto a Zougam. En realidad, ya había tenido multitud de oportunidades para hacerlo mientras se instruía el procedimiento. Lo que es evidente es que esa mujer aparece mucho antes de febrero de 2005, que es la primera vez que acusa a Zougam.

En el caso de la testigo J-70, el Tribunal Supremo expuso el siguiente argumento para respaldar su testimonio: «En lo que se refiere a la testigo J-70, es cierto que la tardanza en comparecer a declarar, sin que su existencia se hubiera puesto de manifiesto por la otra testigo cuando, según declaran, viajaban juntas, puede introducir ciertas dudas acerca de las razones de su pasividad inicial, y de su presencia y actividad testifical posterior. Es forzoso reconocer que puede responder a razones perfectamente comprensibles. [...] Para concluir que la conducta de la testigo no admite explicación razonable, es preciso, siendo posible, habérsela requerido, y que la que aporta no pueda admitirse desde perspectivas de racionalidad».

lunes, diciembre 05, 2011

11-M: La mayor condena carece de sustento

EL MUNDO

Si R-10 hubiera dicho en la vista oral lo que dice...

LA INFORMACIÓN que hoy publicamos sobre el 11-M remueve los cimientos de la sentencia y vuelve a cuestionar la versión oficial de los hechos. Tras una larga investigación, EL MUNDO puede demostrar que la principal prueba que sirvió para condenar como autor material de los atentados a Jamal Zougam es más que cuestionable.

Zougam es el único condenado como autor de la masacre. Tres personas dijeron haberle reconocido en los trenes. Ya resulta sospechoso que entre los miles de personas que pudieron ver aquella mañana a la decena de terroristas que, según la sentencia, dejaron las mochilas bomba, sólo uno, Zougam, fuera reconocido. Pero no deja de ser sorprendente también que los tres ciudadanos que le señalaron coincidan en ser de nacionalidad rumana.

De estos tres testigos, dos identificaron a Zougam sólo después de que su fotografía fuera publicada por los medios de comunicación. Por ello, el valor de su testimonio debería considerarse limitado. Según consta en la sentencia redactada por Gómez Bermúdez, sólo uno de ellos, el testigo protegido R-10, identificó a Zougam el 16 de marzo de 2004, en una sesión fotográfica previa.

Pues bien, siete años después, EL MUNDO ha localizado a R-10 en la ciudad rumana de Cluj, y éste desmiente lo que dice la sentencia. Asegura que sólo identificó al marroquí 10 días después, tras ver impresa su fotografía en un cartel distribuido por Interior en el aeropuerto de Barajas. Es decir, según su versión, nadie reconoció a Zougam antes de que se publicara su imagen.

Dado que en el sumario existe un «acta de reconocimiento fotográfico» de la Policía según la cual R-10 identificó a Zougam previamente a difundirse su imagen, podría ocurrir que estuviéramos ante una prueba falsa, como lo fue el Skoda Fabia y pudo serlo la mochila de Vallecas. Eso explicaría por qué la Policía le dio permiso para no declarar en la vista oral, dejándole regresar a su país. Es más, a tenor de las declaraciones de R-10, casi habría que decir que los agentes le indujeron a hacerlo.

Imaginemos que R-10 hubiera dicho ante el tribunal lo mismo que ha reiterado hasta 12 veces ante la grabadora de nuestros periodistas. Se habría desvanecido un elemento probatorio clave en medio de un gran escándalo. Desde luego, su declaración no figuraría como «la principal prueba de cargo» contra Zougam ni sus palabras como el testimonio «sin fisuras» que recoge el fallo. En todo caso, queda claro que se vulneró el derecho de defensa al impedir que el abogado de Zougam pudiera cuestionar la fiabilidad del testigo.

Pero hay más. En la primera descripción que R-10 hizo del terrorista aseguró que tenía el pelo «liso». Basta ver las fotos de Zougam para comprobar que no es el caso. En la entrevista ratifica su versión -«completamente liso»-, llegando a señalar como ejemplo a la traductora y oponiéndola a un redactor de pelo rizado a lo Zougam.

Buena parte de la sociedad española, y EL MUNDO con ella, cree que la versión oficial del 11-M que refleja la sentencia o bien es falsa o bien no explica gran parte de los hechos. Una vez que el partido que ganó las elecciones inmediatamente después de la masacre está a punto de pasar a la oposición, nadie podrá desacreditar nuestro trabajo atribuyéndole una intencionalidad política de la que, por supuesto, carece. Hoy, como el primer día, seguimos investigando en pos de la verdad porque creemos que es nuestra obligación profesional y moral.

De la exclusiva de hoy cabe extraer dos hipótesis: la primera es que R-10 no diga la verdad ahora. Pero al margen de que quien miente una vez ha podido hacerlo muchas otras, ¿qué motivo tendría para engañarnos? La segunda alternativa es que el «acta de reconocimiento fotográfico del día 16» sea una prueba falsa. ¿Otra más?


11-M: Otra prueba del 11-M falsificada por la camarilla policial socialista
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
JOAQUÍN MANSO
MADRID
05/12/2011

La mayor condena carece de sustento

Zougam cumple 40.000 años de cárcel, pero la única prueba contra él son los testigos
No hay ningún vínculo entre él y la célula, ni restos o huellas suyas en Leganés o Morata

A las 16.40 horas del 13 de marzo de 2004, la Policía detuvo en un locutorio de la calle del Tribulete (en el barrio madrileño de Lavapiés) a Jamal Zougam. Dos días antes, el 11 de marzo, había tenido lugar en Madrid el mayor atentado de la historia de España. Cuatro trenes de cercanías saltaron por los aires alrededor de las 7.45 horas tras el estallido de 10 bombas, causando 191 muertos y cerca de 2.000 heridos.

Durante los días 11 y 12 de marzo, el Gobierno de Aznar, había señalado a ETA como autora de la matanza del 11-M. La Policía manejó dos hipótesis: ETA y Al Qaeda.

A medida que fueron pasando las horas, la tesis de ETA se fue difuminando (sobre todo a partir de que apareciese a mediodía del día 11 la furgoneta Kangoo en las inmediaciones de la estación de Alcalá de Henares). Sin embargo, el Gobierno mantuvo a ETA como hipótesis más probable hasta el sábado día 13; es decir, hasta unas horas antes de las elecciones del día 14 de marzo.

El PSOE, sobre todo por boca de su portavoz, Alfredo Pérez Rubalcaba, acusó al Gobierno de Aznar de mentir a los ciudadanos para ocultar que el atentado había sido obra de los islamistas y así evitar la relación causa efecto entre el apoyo a la Guerra de Irak y la matanza.

La disputa política en torno a la autoría se inclinó definitivamente a favor de las tesis del PSOE tras la detención de Zougam, a quien la Policía atribuyó vínculos con Al Qaeda.

Los diarios e informativos del día 14 de marzo se hicieron eco de las filtraciones policiales que vinculaban a Zougam «con la célula de Abu Dahdah, una rama de Al Qaeda establecida en España».

Ese mismo día, el sábado 13 de marzo, llegó a manos del Gobierno un vídeo en el que un autodenominado portavoz militar de Al Qaeda en Europa reivindicaba el atentado como «respuesta a la colaboración con Bush en Irak y Afganistán».

Los ciudadanos votaron, por tanto, el día 14 de marzo de 2004 con la casi absoluta certeza de que Al Qaeda había sido responsable del 11-M y de que el Gobierno de Aznar había mentido a los españoles durante las 72 horas previas a los comicios.

Contra pronóstico, el PSOE ganó las elecciones. La encuesta del CIS publicada el 5 de marzo daba al PP una ventaja de 6,7 puntos. Sin embargo, seis días después, el resultado fue absolutamente diferente: el PSOE obtuvo el 42,64% de los votos, frente al 37,64% del PP. Es decir, en unos pocos días, se produjo un vuelco electoral de 11,7 puntos.

Zougam se convirtió durante semanas en el rostro del 11-M y, en estos momentos, es el único condenado como autor material del atentado. Está en prisión (en régimen de aislamiento) cumpliendo una condena de más de 40.000 años.

¿En qué pruebas sustentó el tribunal los argumentos para condenarle? Como señala el recurso de casación de la defensa de Zougam ante el Supremo, el ponente y presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez «utiliza tan sólo 17 líneas de la sentencia para describir los indicios que existen contra el acusado». Diecisiete líneas para más de 40.000 años de cárcel. Mucha sustancia debería contener ese párrafo para implicar una condena de 2.353 años de cárcel por cada una de sus líneas.

Veamos, pues, los indicios que llevaron a esa abultada condena.

Sus relaciones y la tarjeta del móvil

1º. Según la sentencia, Zougam «conoce a varios miembros de la célula que se suicida en Leganés y «a la mayoría de los procesados» por el atentado del 11-M.

Sin embargo, cuando entra en harina resulta que sólo tres de los acusados (Mouhannad Almallah, Basel Ghalyoun -que fueron absueltos por el Supremo- y Abdelmajid Bouchar) declaran haber visto una o dos veces a Zougam y por un motivo tan pedestre como comprar en su tienda tarjetas o fundas de móviles.

2º. Otro elemento que fue utilizado por la Policía para justificar el carácter islamista del atentado era la supuesta relación de Zougam con Abu Dahdah. En la sentencia se dice que ambos se conocían desde que el primero tenía una tienda de fruta y también se afirma que Zougam acudió a las reuniones del río Alberche (cerca de la casa de Morata) destinadas al adoctrinamiento en el islamismo radical. Sin embargo, esa afirmación no se sustenta en ninguna prueba. Más bien al contrario. Cuando a Abu Dahdah le preguntaron en la vista oral, declaró que «ni había visto a Jamal Zougam en el río Alberche ni había asistido allí nunca a reunión alguna o acontecimiento de otra clase».

De hecho, Zougam nunca fue imputado en el sumario que se instruyó en la Audiencia Nacional contra Abu Dahdah y su célula.

3º. La sentencia recurre a otro indicio de «especial relevancia» para condenar a Zougam. En una declaración ante la policía francesa, el islamista Attila Türk afirmó que en una supuesta conversación con el procesado Hasan Haski, éste le dijo que «conocía a Djamel Zougham [sic], el que hizo los atentados el mes pasado». Cuando el juez instructor, Del Olmo, le preguntó sobre ese asunto, Attila Türk desinfló la pista: «No recuerdo haber dicho eso».

Posteriormente, cuando declaró en la vista oral (22 de mayo de 2007), Attila Türk negó rotundamente que Haski le hubiera hecho ninguna confidencia sobre Zougam.

4º. El indicio inculpatorio aparentemente más sólido que maneja la sentencia para inculpar a Zougam es que fue él quien «suministró» las tarjetas de los móviles que se utilizaron para activar las bombas.

Este hecho, junto al testimonio ocular de dos testigos, fue el que tuvo en cuenta el Supremo para ratificar la condena.

Sin embargo, cuando se analiza lo que ocurrió con las tarjetas se comprueba que más bien es un elemento exculpatorio para el condenado. En primer lugar, no fue Zougam, sino su socio Mohamed Bakali quien compró a Sindhu Enterprise el 25 de febrero de 2004 el pack de tarjetas que, posteriormente, fueron vendidas en la tienda de la calle del Tribulete (Jawal Mundo Telecom).

Tampoco es cierto que fuera Zougam el que «suministrara» las tarjetas a los terroristas. Fue su empleado, Abderrahim Zbakh, quien vendió 10 tarjetas, a nueve euros cada una, a dos personas, una de las cuales luego identificó como Jamal Ahmidan, alias El Chino. Al día siguiente de vendérselas, el otro comprador acudió a la tienda para devolver una de ellas, porque no tenía saldo.

Cuando fue detenido, Zougam tenía en su móvil una de las 30 tarjetas que formaban parte del mismo pack del que procedía la que fue hallada en la mochila de Vallecas.

El proceder de los terroristas, si admitimos que Zougam fue uno de ellos, es, cuando menos, extraño. En lugar de «suministrarles» (término que utiliza la sentencia con reiteración) las tarjetas a los miembros de su célula, Zougam hace que el jefe del comando vaya a su tienda a comprarlas. E incluso le vende una de ellas sin saldo.

No contento con ello, Zougam siguió haciendo vida normal (es decir, yendo a trabajar el día del atentado y los dos días siguientes), cuando ya el viernes todos los medios de comunicación habían informado de la aparición de una mochila bomba con un móvil en el que estaba insertada una de las tarjetas de su tienda.

Pero aún más, en lugar de cambiar la tarjeta de su móvil, la mantuvo insertada en él, como si quisiera dejar claro que era miembro integrante del grupo.

Lo rocambolesco de este indicio, que supone uno de los elementos clave para su condena, llega a su extremo cuando se comprueba que los terroristas compraron y liberaron los móviles para los atentados en otra tienda (Decomisos Top), en lugar de hacerlo en la de Zougam, que también se dedicaba a eso.

Es más, al hacerlo, pusieron en riesgo su seguridad, ya que Decomisos Top llevó los móviles a liberar a una tienda (Test Ayman) que era propiedad del ex policía nacional de origen sirio Ayman Mausili Kalaji.

Sin vínculos con la célula

Resulta llamativo que Zougam sea el único de los terroristas del 11-M que, en lugar de marcharse al piso refugio de la calle de Martín Gaite (Leganés), donde luego se suicidaron, se quedó en casa de su madre y siguió trabajando como si nada hubiera sucedido.

Es más, en la finca de Morata de Tajuña, alquilada por El Chino, donde, según la sentencia, se montaron las bombas y lugar donde se reunía con frecuencia con sus compinches, no hay ni rastro de Zougam. Nada. Ni huellas, ni restos de ADN. Nada.

Tampoco hay rastro de Zougam en los vehículos supuestamente utilizados por los terroristas. Ni en la Renault Kangoo; ni en el Volkswagen Golf cuyo maletero fue utilizado para traer a Madrid los explosivos desde Asturias; ni en el Skoda Fabia... Nada. Ni huellas, ni restos de ADN de Zougam. Nada.

El condenado Jamal Zougam tampoco apareció nunca por ninguna de las viviendas que utilizaron los miembros del comando que planificó y ejecutó el 11-M. Como ya se ha dicho, no había huellas de él en el piso de Leganés. Pero es que tampoco hay ni rastro de él en los pisos de la calle de Virgen del Coro (donde se realizaron labores de adoctrinamiento), ni en la de la calle de Hornillos de Albolote (Granada)... Tampoco en el domicilio de su madre (calle del Sequillo), donde él vivía, se pudo encontrar nada que le relacionara con el atentado.

Lo más sorprendente, si cabe, es que en las miles de llamadas y mensajes telefónicos analizados por la Policía entre los miembros del comando, Zougam no aparece por ningún lado. Y eso que los terroristas pasaban horas hablando entre ellos.

Es más, el teléfono de Zougam estaba pinchado por orden judicial en los días previos al atentado y la Policía no ha podido aportar ni un solo detalle que le vincule con los terroristas muertos en Leganés.

Tan solo hay en el sumario una llamada hecha desde su teléfono a uno de los implicados (Mohamed Afalah), pero no la realizó Zougam, sino Bakali, quien le pidió prestado el teléfono para hablar con aquél sobre unas obras de albañilería, según admitió el propio testigo en el juicio y durante la instrucción.

La declaración de su familia

Zougam parece haber sido condenado desde el momento de su detención. Sólo en base a una actitud preconcebida puede entenderse como la Policía, el instructor y el tribunal despreciaron tener en consideración los testimonios de su hermano y de su madre, que afirman que el condenado durmió en la noche del 10 de marzo en su casa y que no se levantó hasta 9.45 del día 11 de marzo.

Su hermano Mohamed declaró ante la Policía, el instructor y el tribunal que Zougam llegó a casa entre las 23 y las 23.30 horas del día 10 de marzo y que venía de un gimnasio donde iba casi todas las noches.

Su madre (Aicha Achab) no declaró ante la Policía pero, aunque lo intentó varias veces, tampoco pudo declarar ante el juez instructor, porque Del Olmo no lo consideró pertinente.

Aicha ratificó ante el tribunal la declaración de Chaoui pero, en la sentencia, el ponente afirma que sus declaraciones «son novedosas porque la madre no ha declarado antes en la causa». Omite Bermúdez que fue Del Olmo el que no consideró «pertinente» la declaración de la madre del condenado durante la instrucción. Es decir, que su declaración no es novedosa porque la madre declarara cosas que no declaró durante la investigación, sino porque no se le llamó a declarar.

Ni la Policía, ni el instructor, ni el tribunal se preocuparon tampoco de conocer el testimonio de la hermana de Zougam, que también durmió esa noche en la casa de la calle del Sequillo, y que, según ha confirmado a este periódico, ratifica completamente lo declarado por su madre y por su hermano.

Así pues, lo único que sustenta la condena de Zougam es el testimonio ocular de tres testigos protegidos, los tres rumanos sin papeles que vivían en el mismo barrio de Alcalá de Henares, identificados por la Policía como R-10, C-65 y J-70.


05/12/2011
La importancia del testigo ausente
La sentencia da una gran importancia a que el reconocimiento de R-10 se produjese el 16 de marzo. Él lo niega en la entrevista con este diario, pero no lo hizo en el juicio porque la Policía le autorizó a faltar

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
JOAQUÍN MANSO
CLUJ-NAPOCA (RUMANÍA)
05/12/2011 ESPAÑA

TESTIGO PROTEGIDO R-10 Prueba de cargo contra Jamal Zougam

«La Policía me preguntó si quería ir a declarar y dije que no»

El testigo R-10, de profesión fontanero, llegó a España en 2002 y regresó a su país, Rumanía, a finales de 2006. Cogió el tren en la estación de Alcalá de Henares el 11 de marzo de 2004 a las 7.15 horas para ir a trabajar. Iba en el cuarto vagón del convoy que hizo explosión en la estación de Santa Eugenia.

Como consecuencia de la explosión, resultó herido en un ojo, cuya visión aún no ha recuperado del todo. R-10 fue el primer testigo ocular que dijo haber visto a Jamal Zougam en los trenes.

Su primera declaración ante la Policía se produjo el 16 de marzo de 2004. Estuvo acompañado de otro rumano, Ioan Deac, que hizo de traductor.

Según consta en el sumario, ese mismo día (el 16 de marzo) la Policía le enseñó a R-10 unas fotografía de posibles sospechosos y él identificó «sin ningún género de duda» al catalogado con el número uno (Jamal Zougam) como el hombre al que vio subirse al vagón con una mochila negra, junto a otro individuo, en la estación de Torrejón de Ardoz.

La primera vez que se hizo pública una fotografía reconocible de Zougam como posible autor de los atentados del 11-M fue el día 20 de marzo de 2004. EL MUNDO la publicó en exclusiva y, a partir de ese día, su rostro apareció en todos los diarios, informativos de televisión y medios electrónicos.

R-10 recibió una indemnización como víctima del 11-M de 52.800 euros, que él mismo acudió a cobrar al Ministerio del Interior en 2009. Sin embargo, aunque era su obligación, no acudió a declarar ante el tribunal del 11-M. La Policía no dio ninguna explicación sobre su ausencia en una vista oral, que concluyó con una condena de 40.000 años para Jamal Zougam, tomando su testimonio como prueba de cargo.

EL MUNDO ha podido localizarle en Cluj-Napoca (Rumanía) y ha mantenido con él una entrevista, que tuvo lugar en el Hotel Golden Tulip Ana Dome de esa localidad, de notable influencia húngara y con un bullicioso ambiente juvenil, porque aloja varias universidades.

La conversación arroja muchas dudas, no sólo sobre la identificación de Zougam, sino sobre algunos documentos que obran en el sumario por el atentado del 11-M.

Pregunta.- ¿Quién le acompañaba en el tren aquel 11 de marzo?
Respuesta.- Dos amigos. Uno se llamaba Stefan Budai y el otro, Sisu Vasile.

P.- Usted resultó herido en un ojo ¿Qué les ocurrió a ellos?
R.- Budai falleció. Vasile resultó herido, pero está bien. Budai iba de pie. Vasile estaba sentado dos asientos más allá que yo.

P.- Usted declaró que vio a dos individuos subir en la estación de Torrejón, ¿por qué se fijo en ellos?
R.- Uno de ellos dio una tos muy fuerte, por eso me fijé.

P.- ¿Era el que llevaba una mochila?
R.- No. El de la mochila negra era el otro. Se sentaron en sitios diferentes y eso no me pareció normal. La tos era como una señal, y eso me llamó la atención.

P.- ¿Hablaron entre ellos?
R.- Sí, antes de sentarse hablaron en árabe.

P.- ¿Qué hizo el que llevaba la mochila?
R.- Se sentó y se la puso entre las piernas.

P.- ¿Vio usted lo que hizo con ella?
R.- No, porque entró mucha gente en el vagón y ya no le volví a ver.

P.- Hasta que la bomba estalla en Santa Eugenia, ¿usted no les ve moverse ni cambiar de vagón?
R.- No. Había mucha gente.

P.- ¿Su amigo Vasile se fijó en ellos?
R.- Sólo en el de la tos.

P.- ¿Es decir que no les vio las caras y por eso no fue a declarar?
R.- No les vio las caras. Iba con otras personas hablando. Yo, como iba solo en el asiento, pude fijarme en las caras.

P.- En el tren también iba otro amigo suyo, Ioan Deac, que luego le acompañó a declarar ante la Policía e hizo de traductor.
R.- Él dice que iba en el tren. Yo no le vi. Dice que iba en otro vagón.

P.- ¿De qué le conocía usted?
R.- Habíamos compartido el mismo piso antes. En ese momento, ya no vivíamos en el mismo piso.

P.- ¿Por qué le acompañó Ioan Deac a la Policía?
R.- Vino a mi casa a visitarme para ver cómo estaba.

P.- ¿Usted le dijo a Deac que había visto a alguien en el vagón que podía tener que ver con el atentado?
R.- Sí.

P.- ¿Él le animó a declarar?
R.- Deac me dijo que debía ir a declarar y me contó que él vivía en un piso alquilado a un policía, que teníamos que hablar con él.

P.- ¿Cuándo habló con ese policía?
R.- No lo recuerdo, uno o dos días antes de ir a declarar.

P.- Usted declaró, según consta en el sumario, el 16 de marzo. O sea, que tuvo que hablar con él el 14 o el 15 de marzo.
R.- Puede ser, pero no lo recuerdo.

P.- Cuando usted declara ante la Policía, dice que la persona que vio en el tren con la mochila tenía el pelo largo y liso.
R.- Sí, era moreno con el pelo largo y liso.

P.- ¿Completamente liso?
R.- Sí [se le pide que señale a quién se parecía más su pelo, si a uno de los periodistas, que lo tiene rizado como Zougam, o a la intérprete, que lo tiene absolutamente lacio; la señala a ella].

P.- El día 16 de marzo, cuando que usted declara ante la Policía, le enseñan unas fotografías…
R.- [Interrumpe] No, no. Ese día no me mostraron fotografías.

P.- ¿Está seguro?
R.- Me las enseñaron unas dos semanas después de ese día.

P.- Mire [le mostramos el documento que figura en el sumario]: el acta de reconocimiento fotográfico está fechada el 16 de marzo.
R.- No, no. Las fotografías me las enseñaron dos semanas después.

P.- ¿Está seguro?
R.- Completamente.

P.- ¿Por qué está tan seguro?
R.- Porque la primera vez que vi esa cara fue en un cartel en el aeropuerto de Barajas.

P.- ¿En el aeropuerto?
R.- Sí, vi la cara en un cartel y dije: yo conozco a esa persona.

P.- ¿Por qué está tan seguro de eso?
R.- Porque fui a despedir a mi mujer al aeropuerto. Ella había venido… [duda un momento y llama por el móvil a su esposa]. Sí, ella fue a visitarme a Madrid el día 17 de marzo y se marchó el 26. Ese día vi la foto en el aeropuerto. Cuando vi el cartel pensé: ésa es la persona que vi en el tren.

P.- O sea que, ¿usted reconoció a Zougam como la persona que vio en el tren tras ver su foto en un cartel en el aeropuerto?
R.- Sí, ésa era la primera vez.

P.- ¿Seguro que hasta entonces la Policía no le mostró ninguna fotografía?
R.- Hasta ese día no vi ninguna fotografía.

P.- ¿Y ese día, el 26 de marzo, fue cuando usted declaró ante el juez y vio las fotografías?
R.- Sí. Ese día me llamaron para ir a declarar cuando estaba en el aeropuerto. Luego fuimos a ese sitio que está cerca del Museo de Cera [se refiere a la Audiencia Nacional]. Había una mujer que se llamaba Soraya [al parecer, fue el nombre ficticio que le dio la fiscal Olga Sánchez] y un hombre moreno con gafas que se llamaba Fernando [nombre supuesto que le habría dado el juez Juan Del Olmo].

P.- ¿Es éste el hombre que reconoció como la persona que iba en el tren el día 11 de marzo de 2004 [se le enseña la foto de Zougam que supuestamente le mostró la Policía]?
R.- Sí.

P.- Pero no tiene el pelo liso, como usted dice. ¿Está realmente seguro al 100%?
R.- Seguro. Nunca dije que estaba seguro al 100%, pero sí al 90%.

P.- Usted sabía que tenía que ir a declarar en el juicio por la matanza del 11-M ¿Por qué no se presentó?
R.- Yo me vine a mi país a finales de 2006. Tenía mucho miedo y no quería declarar.

P.- ¿Se lo comunicó a la Policía?
R.- Sí. La Policía me preguntó si quería ir a declarar o no, y yo dije que no.

P.- ¿A quién le dijo usted que no quería declarar?
R.- A un policía que iba de paisano. Creo que fue en la Audiencia. Había una traductora que se llamaba Daniela cuando dije que no quería declarar en el juicio.

¿CONSIDERAS OPORTUNO SOLICITAR RESPONSABILIDADES PENALES POR TRAICION, A ZAPATERO Y A SU GOBIERNO?

¿CONSIDERAS OPORTUNO SOLICITAR RESPONSABILIDADES PENALES POR TRAICION, A
ZAPATERO Y A SU GOBIERNO?

http://www.cruzdesanandres.org/firmar.php?idnoticia=102

Boletin informativo de puntos de encuentro - 6 Dic




Boletín informativo movilización 6 de diciembre por la libertad inmediata de los secuestrados en Colombia.
¡Libérenlos YA! España

Lugares confirmados:

Madrid:
Plaza de la Ópera - 6pm

Pamplona:
Plaza de Castillo - 6pm

Sevilla:
Puerta de Jeréz - 6pm

Valencia:
Plaza de la Virgen - 6pm

Salamanca:
Plaza de la Libertad - 4pm

Barcelona:
C/ Pau Claris, 102 - 6pm

Granada, por confirmar

¿Tu ciudad no aparece listada?
Escribe a movilizacion@colombiasoyyo.org y lidérala.
Estamos seguros que como mínimo puedes reunir a un grupo de amigos y mostrar tu apoyo.
Asegúrate de enviarnos fotos.

Cambio sitio de concentración en Madrid: Ahora en Plaza de la Ópera

Dado que la Puerta del Sol estará llena por las compras navideñas, lo que puede generar problemas logísticos y afectar la visibilidad de la concentración de LIBÉRENLOS YA!, el sitio de concentración en Madrid será en Plaza de la Ópera, a la misma hora (6pm).

Necesitamos voluntarios

Para que nuestra exigencia de LIBERTAD INMEDIATA llegue a lo más profundo de las selvas Colombianas, y a toda la comunidad internacional, necesitamos mucha ayuda difundiendo voz a voz virtual y físicamente, y dando respuesta en lo posible a todos y cada uno de los correos que recibimos. Si puedes ayudarnos, envíanos tus datos a madrid@colombiasoyyo.org. También, tómate la libertad de llamar a los medios de comunicación, radios, periódicos y demás medios que conozcas, invitando a difundir esta exigencia de LIBERTAD INMEDIATA. Invocamos la solidaridad de todos los medios de comunicación para hacer eco de esta convocatoria. Con ayuda de ustedes, la libertad unilateral y sin condiciones de los secuestrados en Colombia, tiene toda la posibilidad de convertirse en una realidad.

Qué debo llevar a la marcha

(clic para agrandar)


Entrevista del General Mendienta en la Agencia EFE

El general de Policía Luis Mendieta, quien estuvo secuestrado durante doce años por las FARC,  invitó a salir el próximo 6 de diciembre a las calles de Colombia, España y otros lugares del mundo para exigir la libertad de todas las personas secuestradas que siguen en poder de la grupo armado ilegal. Ver noticia completa en El Espectador aquí.

 

La Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, al borde del cierre

La Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, al borde del cierre

La falta de fondos ahoga a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M. Su presidenta apela "a las personas de bien que siempre han estado ahí".

Luis F. Quintero 2011-12-04

Nuevo revés para las víctimas del terrorismo. Se trata de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M que presiden Ángeles Domínguez y que podría verse obligada a cerrar por la falta de fondos. Es una asociación mayoritaria, que representa a más de 650 víctimas directas de la masacre de Madrid, está personada en todas las causas judiciales aún abiertas y que están relacionadas con los atentados del 11-M.

En declaraciones a Libertad Digital, la presidenta de la Asociación asegura que la situación es tremenda: "Desde el año 2009 se van recortando las ayudas. Nosotros hemos tenido que recortar en personal, las propias víctimas hemos participado con aportaciones e incluso los trabajadores de la Asociación han renunciado a recibir las indemnizaciones por despido", contaba con pesar Ángeles Domínguez.

Así, pues, "para seguir en esta lucha", dice "nos hace falta dinero. Casi más que dinero, nos hace falta un milagro". Con todo, no ha dejado de agradecer a la ciudadanía, y "a los medios de comunicación que siempre estáis ahí", la ayuda prestada. "Las personas de bien siempre han estado ahí y apelo a ellas para que de alguna forma puedan ayudarnos", seguía.

Por este motivo, insiste en que es necesario "un milagro para seguir adelante y personados en todas las causas judiciales abiertas por el 11-M". Aunque confiesa que le da "mucha pena que tengamos que necesitar pedir ayuda económica, nos han reducido tantísimo" las asignaciones que la Asociación se encuentra al borde del cierre.

Y eso que los fondos públicos que recibe la asociación no se destinan en ningún caso a los procesos judiciales, ya que no es posible, sino que van para "los talleres de víctimas" en los que "la asociación aporta ayuda psicológica y herramientas a las víctimas del terrorismo. Así aprenden a utilizar sus recursos personales para poder seguir viviendo y trabajando, aunque todos somos víctimas para toda la vida".

Según fuentes de la asociación consultadas por LD, para el Ejercicio 2011, la asociación recibió cerca de 50.000 euros del Ministerio del Interior y 12.000 por parte de la Fundación. Pero la Comunidad de Madrid dejó de conceder las ayudas que ascendían hasta 2009 a 240.000 euros. En 2010 esta ayuda se redujo hasta los 70.000 y en 2011 a 0.

Teniendo en cuenta que se trata de una asociación cuyo ámbito de actuación se circunscribe únicamente a la Comunidad de Madrid, la coloca en una situación muy delicada.

En cualquier caso Ángeles Domínguez insiste en que "siempre hemos confiado en la ciudadanía. Si hemos llegado hasta aquí ha sido gracias a ellos. Nuestro tesón y constancia en mantener encendida la llama del 11-M ha sido gracias a la asociación que presido", decía orgullosa Ángeles Domínguez a Libertad Digital.

Por otro lado, recuerda que se trata de una asociación y no de una empresa. Motivo por el cual "nosotros no podemos ahorrar, tenemos que gastar durante el año los fondos que nos conceden ya que las ayudas se reciben en base a unos presupuestos anuales".

Así, Domínguez hace un llamamiento a todos los lectores de Libertad Digital que quieran hacer una aportación a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M para mantener viva la llama del 11-M y, como decía Gabriel Moris, que no se olvide "lo inolvidable".

    Pueden llamar al teléfono de la asociación: 91 311 84 32
    Hacer la donación a través de su página web
    Por transferencia bancaria al número de cuenta 2038 1766 55 6000436375


Se sienten discriminados frente a otras

La Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M cerrará si no recibe más fondos


    Gran parte de sus ingresos procedía de la Comunidad de Madrid
    Entre 2005 y 2009, recibió cada año 240.000 euros del Gobierno madrileño
    En 2010, la cifra se redujo a 72.000 euros y en 2011, no ha habido ayuda
    Con ese dinero, pagaba la cobertura psicológica a las víctimas
    Es la única personada en todos los procesos abiertos sobre la masacre
    Del Ministerio del Interior, ha recibido para 2011 y 2012 49.280 euros
    Esa cifra contrasta con la que recibe la asociación de Manjón: 205.902

Fernando Lázaro | Madrid
Actualizado domingo 04/12/2011 11:49 horas

La Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, la única personada en todas las causas judiciales aún abiertas sobre la masacre del 11 de marzo de 2004, está amenazada con echar el cierre si no recibe más fondos.

La Comunidad de Madrid, que hasta ahora era la que más aportaba para su supervivencia, ha eliminado este año su subvención. Desde 2005 hasta 2009, año tras año, la Comunidad les entregaba 240.000 euros. Esa cantidad, en 2010, quedó reducida a 72.000 euros. En 2011 no ha llegado ni un euro.

Con el dinero recibido, la asociación, que representa a más de 650 víctimas directas de aquellos atentados, se encargaba de pagar a los profesionales que daban asistencia psicológica a las víctimas.

Las propias víctimas, con sus donaciones, se ocupan de sufragar los costes asociados a los abogados que se personan en las causas aún abiertas para esclarecer la masacre de Madrid.
Contraste evidente

La única subvención prevista para 2011 y 2012 proviene del Ministerio del Interior, que para dicho periodo en conjunto ha destinado 49.280 euros. Una cantidad que contrasta con los 205.902 euros que ha recibido la Asociación de Afectados por el 11-M, de Pilar Manjón, la misma cantidad que la AVT.

Con el fin de evitar la desaparición de esta institución, cuyo principal objetivo es que se sepa "toda la verdad", EL MUNDO hace un llamamiento a que la ciudadanía realice aportaciones en la medida de sus posibilidades. El director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, ha anunciado en su 'Carta al director' que mañana lunes hará un donativo a esta asociación.

Igualmente, en Twitter se ha creado el 'hashtag' #11x11M para instar a los ciudadanos a que ingresen en la cuenta de la asociación al menos 11 euros.
Donativos a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M: Caja Madrid: 2038-1766-55-6000436375

sábado, diciembre 03, 2011

La andanada del SUP contra Carlos Germán

La andanada del SUP contra Carlos Germán

2 de Diciembre de 2011 - 11:37:50 - Luis del Pino

Publicamos hoy en Libertad Digital la noticia de las curiosas, y graves, insinuaciones contra el inspector Carlos Germán que el SUP desliza en el último número de su revista. Hasta ahora, las críticas del SUP contra ese inspector se habían ceñido a su papel en las averiguaciones relativas al caso del chivatazo del Bar Faisán, pero en esta ocasión se dejan entrever en la revista de ese sindicato policial posibles irregularidades de dicho inspector en las investigaciones iniciales del 11-M.


Esa andanada del SUP contra Carlos Germán ya había sido comentada en este blog, primero por nuestro contertulio splash y luego por belga197, y plantea numerosos interrogantes.

En primer lugar, no se entiende muy bien por qué se producen esas insinuaciones precisamente ahora, salvo que se trate de una manera de presionar o desactivar - en un momento en el que el caso Faisán continúa abierto - al policía responsable de que puedan llegar a sentarse en el banquillo los inspectores Ballesteros y Pamiés. ¿Podría tratarse de una manera de desacreditar lo investigado por Carlos Germán en el caso del chivatazo?

Dicho eso, es preciso constatar, en segundo lugar, que lo que el SUP señala en su nota es completamente cierto: en la tarde del 12 de marzo se produce una extrañísima intervención de Carlos Germán en las investigaciones referidas al teléfono encontrado en la mochila de Vallecas, cuando desde la CGI solicita al juez Del Olmo que se "pinchen" las conversaciones de una determinada tarjeta telefónica y que se pidan a las operadoras datos de un IMEI que no era el que figuraba en la carcasa del teléfono encontrado en la mochila de Vallecas. Que esa intervención de Germán fue cuando menos extraña, lo atestigua el hecho de que la primera reacción del juez Del Olmo, al recibir la petición de pinchazo telefónico realizada por Germán, fue abrir unas diligencias previas separadas de las que ya estaban abiertas para investigar la masacre del 11-M. ¿Por qué puenteó Carlos Germán a la BPI y solicitó directamente al juez ese "pinchazo"? ¿De dónde sacó ese número telefónico y ese IMEI?

En tercer lugar, el SUP parece insinuar en su nota que la intención de Carlos Germán habría sido vincular las investigaciones del 11-M a algún sumario preexistente, del que se habría sacado ese número telefónico. Se trata de una acusación de extrema gravedad, tanta que no parece de recibo que el SUP realice esas insinuaciones sin aclarar exactamente a qué se refiere. ¿De qué sumario está hablando el SUP? ¿De alguno que estuviera ya abierto en la Audiencia Nacional?

Tanto el inspector Carlos Germán como el propio Sindicato Unificado de Policía deberían aclararnos de qué va toda esta historia. Porque es cierto que aquel episodio de las tarjetas y los IMEIs mutantes del teléfono de la mochila de Vallecas es enormemente oscuro. Y parece apuntar a la lucha que se produjo entre distintos sectores policiales para controlar las investigaciones del 11-M desde el minuto uno.