lunes, diciembre 12, 2011

Cillán, igual que Marino Barbero

Cillán, igual que Marino Barbero

INTERECONOMIA
Carlos Dávila
12 DIC 2011

Se llamaba Marino Barbero. Era catedrático de Derecho Penal y terminó como magistrado del Supremo.

Era de los llamados ‘progresistas’ y tenía un enorme defecto: creía en la Justicia. Le cayó encima el expolio socialista de Filesa y aquello fue su ruina. El Gobierno de González, o sea los que habían urdido el robo, lo vejaron, lo insultaron, lo persiguieron y le provocaron un infarto del que murió. La historia queda para las grandes abyecciones de ese partido honrado que dice llamarse PSOE o cosa así. Ahora está haciendo lo mismo con la juez Cillán, que investiga de nuevo el 11-M. El sábado, en un acontecimiento deportivo, escuché en unos urinarios (el lugar da mucho de sí) decir a un socialista de los que ya se van: “La tía gorda esa pretende que nosotros matamos a 194 personas”. No es eso: pretende la verdad, y a Zapatero y su cuadrilla no les gusta nada.

La secretaria de Cillán se marcha a Turquía y deja el Juzgado inactivo

INTERECONOMIA
12 DIC 2011 | J. B. y D. C

La secretaria judicial de Coro Cillán no demuestra ningún interés en que su propia juez titular progrese en la instrucción de los muchos casos que atestan su Juzgado, el número 43 de la Plaza de Castilla de Madrid. Más bien al contrario. Como viene informando este periódico, el enfrentamiento de Sacramento Fernández Vivancos con Cillán pese a formar parte de su equipo en el Juzgado empieza a tomar un cariz alarmante. Según ha podido saber LA GACETA de fuentes cercanas al Juzgado, la secretaria acaba de marcharse una semana de vacaciones a Turquía dejando pendiente sobre su mesa la tarea burocrática –pero imprescindible– que la juez necesita para avanzar en las causas que instruye.

En concreto, la secretaria –ex cuñada del socialista Diego López Garrido– se marchó sin foliar unas diligencias en un caso de homicidio que causó el enfado de la fiscal del mismo, quien incluso acudió al Juzgado para recriminar con dureza la actitud negligente de la secretaria judicial, según fuentes consultadas por este diario. “No se puede mantener un Juzgado como este en semejante situación mucho más tiempo”, afirman las fuentes citadas.

Este episodio imprime otra vuelta de tuerca a las ya tensas relaciones existentes entre la magistrada de instrucción y su secretaria, que comparte otro Juzgado y que hasta el uno de enero no podría ser relevada, según la normativa judicial vigente. De hecho, ya la denunció ante el Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial por “determinado procedimiento penal”, lo que motivó que su juzgado fuese inspeccionado días pasados de una forma sorpresiva.

Como ya adelantó ayer este diario el enfrentamiento de la secretaria con Cillán llega hasta el extremo del boicot. Fuentes de su entorno explican que “la representante de la fe pública judicial, a veces, no se presenta en la práctica de las diligencias para levantar acta de las mismas”. Con ello provoca que el Juzgado se atasque y no vaya todo lo rápido en la resolución de asuntos que le gustaría a la titular del Juzgado de Instrucción número 43 de Madrid.

Anulación

Si Cillán decidiera continuar adelante con las diligencias sin la presencia de la secretaria se puede enfrentar a una probable anulación de las mismas, al no estar presente la secretaria judicial.

Además, no es la primera vez que Sacramento Fernández pone trabas a las instrucciones de Cillán. Tal y como informó LA GACETA, la secretaria de la magistrada “tiene los autos sin foliar, con lo que los puede manipular fácilmente al introducir o quitar documentos de la causa en cuestión”. De todas estas obstrucciones esta informado el presidente del TSJ de Madrid, Francisco Viera Morante. De hecho, después de que la juez le remitiera un informe pidiéndole que le cambiara a la secretaria, Viera Morante accedió a la indicación Cillán pero “el secretario de Sala de Gobierno del TSJ de Madrid siempre se ha opuesto a ello”.

Quién se aprovecha del acoso a Cillán

INTERECONOMIA
12 DIC 2011 | Editorial

Una extraña maldición parece perseguir al caso del 11-M. Primero, se ordenó destruir los trenes del atentado, prueba medular de la masacre, lo que desvió la investigación a una instrucción con más agujeros que un queso de Gruyère.

Y después, se ha lanzado una campaña de acoso y derribo contra Coro Cillán, la juez que va arrojar luz sobre las numerosas incógnitas que presenta el caso, incluyendo la destrucción de los trenes de Atocha. Aunque a juzgar por las revelaciones que ha ido haciendo LA GACETA durante los últimos días, más que una maldición, lo que hay es un interés por continuar echando tierra sobre la mayor matanza de la historia de España ante la labor de una juez valiente e incómoda. No es casual que esa campaña orquestada contra la magistrada se haya lanzado en las semanas previas a que levante –hoy mismo– parte del secreto de las diligencias de investigación que ha practicado hasta la fecha. Las revelaciones pueden imprimir un giro al caso, singularmente la declaración que prestó en su juzgado Sánchez Manzano, jefe de los Tedax.

LA GACETA ha venido dando cuenta de esa caza de brujas contra la juez de instrucción. Por un lado, el fiscal de Madrid nombrado por el ex ministro Bermejo y vinculado al PSOE exigió al servicio de inspección del Consejo General del Poder Judicial que controlara a la juez. Por otro, la denunció en el órgano máximo de los jueces su propia secretaria, Sacramento Fernández, ex cuñada del socialista Diego López Garrido. Y por otro, dos abogados han denunciado una trama para desestabilizarla e incluso echarla de la carrera. Así consta en el cruce de emails de los dos letrados, y a los que tuvo acceso LA GACETA: “Llámame para que te cuente cómo va el proceso de desestabilización de la juez”. Y hoy revelamos otro palo más en la rueda: la mencionada secretaria de Cillán se ha ido de vacaciones a Turquía dejando empantanado el Juzgado.

El gesto no es anecdótico: si Cillán decidiera continuar adelante con las diligencias sin la presencia de la secretaria, se puede enfrentar a una probable anulación de las mismas, al no estar presente la secretaria judicial.

Cui prodest? ¿A quién puede beneficiar esta estrategia para entorpecer la investigación de Cillán? Es cuestión de atar cabos. ¿Quién o quiénes podían tener un “vivo interés” –como se dice en los emails de los letrados– por apartarla de la judicatura desde antes del 20-N, fecha de las elecciones? ¿A quién o a quiénes perjudicaba un giro copernicano en la investigación de los atentados de Atocha que decidieron las elecciones del 14 de marzo de 2004? Tan oscuras maniobras constituyen una prueba de que la juez Cillán va por el buen camino, enderezando los desaguisados del juez Del Olmo o los desvaríos de Gómez Bermúdez.

Es evidente el interés que tiene esclarecer el caso desde el punto de vista político, a pesar de que las nuevas revelaciones del 11-M no tengan quizá el mismo impacto conforme pasan los años. Pero, afortunadamente, en un Estado de derecho no todo se mide en términos electoralistas o partidistas. Llegar hasta el fondo es una exigencia ineludible de la Justicia, del mismo modo que lo es no dejar en la impunidad los crímenes de la banda terrorista ETA. Que Cillán llegue hasta el final es una exigencia de la Justicia y también de la memoria de las 194 víctimas de la masacre de Atocha.

Conspiradores contra la Justicia

LIBERTAD DIGITAL
Pedro de Tena

He visto la película de Robert Redford, 'El conspirador', y realmente, el veterano actor consigue lo que quiere. Cuando acaba, ya no sabe uno lo que ocurrió antes, durante y después del asesinato de Abraham Lincoln.

He visto la película de Robert Redford, El conspirador, y realmente, el veterano actor consigue lo que quiere. Cuando acaba, ya no sabe uno si lo que ocurrió antes, durante y después del asesinato de Abraham Lincoln, por cierto republicano que no demócrata, fue una conspiración de terroristas sureños o fue, quizá también, una conspiración de quienes detentaban en ese momento el poder efectivo que emana del Estado para obtener una condena rápida y clara que impidiera el desmoronamiento de unos Estados Unidos encharcados en una guerra civil. Como dice muy bien el general presidente del jurado en la película, "los ciudadanos tienen derecho a olvidar cuanto antes lo sucedido". Esto es, la razón de Estado por encima de la justicia. Y me recordó, cómo no, el 11-M. ¡Cuántos se han esmerado en que se olvide, cuanto antes, lo inolvidable, y cuántos cojones, sí, lo digo bien, han mostrado las víctimas y los pocos periodistas que se han atrevido a desafiar la ponzoñosa "razón de Estado" que los ha querido convertir en mota de polvo de la memoria de una nación!

El primer elemento que chirriaba, en el caso del magnicidio norteamericano, era la patada en la puerta del Estado de Derecho, al que se imponía el Derecho de Guerra. Aunque la acusada protagonista era una civil, nada de jurado popular ni de tribunal civil. Todo militar. Y todo con el beneplácito del Fiscal General, el Pumpido de la época, que decía que sí a todo aunque contraviniera la Constitución y las leyes. Tal vez, como ironiza en la cinta un senador, a lo mejor el Fiscal General había proporcionado además el veredicto, antes de comenzar el juicio. La crítica de Redford es furibunda hacia un proceso inquisitorial tras el que fueron ejecutadas cuatro personas, una de ellas, al menos, sin la más mínima prueba pero señalada por falsos testimonios como conspiradora. Esto es, se puso toda una maquinaria ilegal y atentatoria contra la Constitución con el fin de preservar la nación que la había dado a luz. La porquería quedó clara después, cuando ya no había arreglo para la vida y el honor de alguna de aquellas personas juzgadas.

En el caso del 11-M, ni siquiera es seguro que los perpetradores de esta injusticia sin precedentes tuviesen la altura de miras de los gobernantes yanquis: salvar la Nación de la posible disgregación impulsada por el vacío de poder. En este caso, tal vez los objetivos de sus diseñadores no fueran tan elevados. En el caso del 11-M, se ha tratado de tapar, de confundir, de acusar falsamente, de informar de mentiras a sabiendas, de colocar pruebas falsas, de falsificar testigos y testimonios, todo ello con el fin de disponer de un relato de cómo habían ocurrido los hechos que permitiese pasar página rápidamente sobre un atentado que alteró los resultados electorales. Pero como el relato fue y es tan malo, y como hay hechos que penden como losas sobre el proceso, es necesario reabrir el caso

En la historia de EEUU, se revisaron poco después los procedimientos injustos. En nuestra historia, y para ello, es preciso comenzar de nuevo llamando al pan, pan y al vino, vino, con el objetivo de saber quién o quiénes fueron los conspiradores y con qué fines decidieron perpetrar el mayor atentado de la historia de Europa que tuvo como consecuencia miles de víctimas entre muertos y heridos y un cambio, inesperado, de gobierno.

Reformas para el CNI

LIBERTAD DIGITAL
GEES

El problema del CNI es estructural: los cambios aplicados en 1996 por el PP se quedaron cortos, y después han resurgido sus peores vicios. De ahí la necesidad de afrontar los cambios necesarios en nuestra inteligencia que entonces se quedaron sin hacer.

Pocos organismos han estado en España más ligados al escándalo como el CNI, antes CESID. Desde su papel en el 23F pasó a convertirse en instrumento al servicio de Felipe González, con figuras como Manglano y Perote implicadas en múltiples escándalos que nos costaría enumerar en una sola columna: a mediados de los noventa, no había ni un sólo día en que el organismo y sus espías no saliesen en las portadas de la prensa nacional. La tranquilidad lograda bajo la dirección de Dezcállar, aparente y cosmética, se rompió con el ataque del 11M. El CNI no sólo fue incapaz de intuirlo, sino que se ha visto cuestionado por su oscuro papel en todo el asunto. A partir de 2004 nuestro servicio de inteligencia ha vuelto a sus peores vicios: el silencio siciliano impuesto por Bono y Saiz acabó llevando otra vez al CNI a las portadas con acusaciones de corrupción, lo que dio paso a la escandalera con el proceso de negociación con ETA. El regreso a directores militares, con Sanz Roldán ejerciendo de correa de transmisión socialista en el organismo, ha mostrado que los militares pueden ser más implacables contra los suyos que cualquier civil pacifista.

Todo ello mientras en los grandes retos para la inteligencia española –el auge de AQMI en el Sahel, la primavera árabe, o la permanente amenaza marroquí–, el CNI ha llegado siempre tarde, y eso cuando lo ha hecho, y cuando lo ha hecho sin ir cargado de dinero para pagar rescates. Hoy, con la inteligencia jugando un papel fundamental, y cuando España deberá potenciarla ante la falta de recursos para el resto de instrumentos de seguridad y defensa, especialmente las Fuerzas Armadas, el CNI se muestra como un instrumento inane e incapaz.

Tenemos ya suficiente perspectiva para concluir que el CNI se caracteriza por tres cosas; por su oscurantismo; por su tendencia a los escándalos y a plegarse a intereses de partido; y por no cumplir con su cometido. Años de Gobierno tras Gobierno, de un partido o de otro, arrojan un mismo balance: el CNI ha fracasado. Su problema no es con un director u otro, o con un organigrama u otro. Su problema es estructural: los cambios aplicados en 1996 por el PP se quedaron cortos, y después han resurgido sus peores vicios. De ahí la necesidad de afrontar, con la experiencia en la mano, los cambios necesarios en nuestra inteligencia que entonces se quedaron sin hacer.

En primer lugar, es necesario acabar con el monopolio informativo del CNI. No sólo no ha dado buen resultado, sino que ha generado escándalos que no tienen comparación en ningún país de nuestro entorno. En ninguno de ellos existe un sólo servicio que todo lo acapare, y ésta es la principal causa de los escándalos recurrentes. El hecho de que la seguridad sea global, no quita para que debamos dotarnos de un servicio de inteligencia destinado al exterior y otro diferente al interior. Además, claro está, de una inteligencia militar específica para Defensa, y de unos servicios de información policiales que en la lucha contra ETA se han mostrado más que suficientes, como ha mostrado con creces la Guardia Civil.

En segundo lugar, no tiene sentido que el CNI deba depender de Defensa. En 1996 ya se nombró un director civil, aunque los socialistas hayan acabado prefiriendo la fidelidad ideológica de sus militares para estas lides. Es hora de dar un paso más, porque no se trata de quien dirija, sino de la estructura de inteligencia: en el GEES hemos defendido siempre la figura de un asesor de Seguridad Nacional, que tenga rango de Secretario de Estado, y que sea quien dirija y coordine una "comunidad de inteligencia" española que sea real, y no sólo esté sobre el papel. Un coordinador que conozca la agenda internacional y que despache directamente con el presidente del Gobierno respondiendo a sus necesidades, que en el caso de Rajoy irán desde la economía al terrorismo islámico o la guerra cibernética, e irán de manera rápida.

Son dos aspectos fundamentales. Con una España que en los próximos años se la jugará en el exterior, en un mundo enloquecido, los servicios de inteligencia pueden ser de gran ayuda a los retos del nuevo Gobierno, o pueden resultar un dolor de cabeza continuo que genere problemas al Gobierno y distraiga sus energías en escándalos prescindibles. No está Rajoy para tener en el CNI problemas, sino soluciones. Pero eso pasa por una reforma total de nuestros servicios de inteligencia.
 
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.


Interior premió a Bermúdez por imponer la versión policial en el juicio del 11-M

EL MUNDO

Interior premió a Bermúdez por imponer la versión policial en el juicio del 11-M

MARÍA PERAL MADRID
12/12/2011 PORTADA


La propuesta de concesión de la condecoración pensionada de por vida que le dio Rubalcaba establece como «hecho diferencial» la forma en que dirigió la vista oral sobre la masacre

Los entrecomillados pertenecen al escrito de propuesta de la medalla, firmado por el comisario Mario A. Jiménez y conocido por EL MUNDO.

Subraya que «su papel fue fundamental para reconducir las numerosas divergencias relacionadas con los medios de prueba… no permitiendo que el juicio derivara en derroteros confusos»

Destaca «su compromiso con los funcionarios que realizaron la investigación» y establece que gracias a él los «testimonios» de los mandos policiales «resultaron determinantes»

El «hecho diferencial» que motivó la concesión al juez Javier Gómez Bermúdez de la Medalla al Mérito Policial con Distintivo Rojo -condecoración pensionada y vitalicia- fue su conducta en el juicio del 11-M. En concreto, su «compromiso» con los funcionarios que realizaron la investigación, el «papel fundamental» que desempeñó como presidente del juicio «para reconducir las divergencias sobre los medios de prueba», por «no permitir» que la vista «derivase en derroteros confusos» y por lograr que los testimonios de la Policía -«especialmente de las comisarías de Policía Científica e Información»- «resultaran determinantes».

En el documento pueden leerse otras afirmaciones sobre el comportamiento de Gómez Bermúdez como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional; entre ellas, que «siempre mantiene con los responsables del Cuerpo Nacional de Policía una actitud de plena colaboración, asesorando sobre aquellos aspectos de difícil encaje dentro de la investigación».

La concesión de la Medalla al Mérito Policial con Distintivo Rojo a Gómez Bermúdez, así como al fiscal de la Audiencia Nacional Vicente González Mota y al juez central de Instrucción Fernando Grande-Marlaska, es objeto de un proceso contencioso-administrativo que tramita la Sección Sexta del Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

Las distinciones fueron otorgadas el 24 de septiembre de 2010 por el entonces titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.

El ministro y los tres condecorados -Gómez Bermúdez, González Mota y Grande-Marlaska- se reunieron a comer el 29 de octubre siguiente para celebrar la concesión de las medallas, que conllevan el cobro de una asignación económica vitalicia.

El otorgamiento de las medallas ha sido impugnado ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid por la asociación de juristas Preeminencia del Derecho. La tesis de los recurrentes es que «ningún juez ni fiscal pueden recibir pensión del Ministerio del Interior, ya que compromete el estricto ejercicio de sus funciones con rectitud, independencia e imparcialidad».

«Es evidente», sostiene la Asociación Preeminencia del Derecho, «que los jueces (todos del orden penal) premiados por la Policía, al recibir un premio de un interviniente e interesado habitual en los procesos penales por delitos perseguibles de oficio (que son la inmensa mayoría), quedan comprometidos en su independencia e imparcialidad y cuanto más los que pasan a cobrar de por vida de la propia Policía».

«La jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos tiene ordenado a los jueces abstenerse de toda actividad que pueda permitir racionalmente poner en duda su imparcialidad, y aceptar premios de los intervinientes en los procesos sin duda pone en tela de juicio la completa imparcialidad del juez», añade la misma asociación.

«Recompensa»

Los recurrentes creen, además, que ni siquiera se cumplen los mínimos exigidos por la normativa para la concesión de la Medalla con Distintivo Rojo, que debe recaer en quien «observe una conducta que, sin llenar plenamente las condiciones exigidas para la concesión de la medalla al mérito policial, merezca especial recompensa en consideración a hechos distinguidos o extraordinarios en los que haya quedado patente un riesgo o peligro personal».

¿Cuál es la conducta de Gómez Bermúdez merecedora de una «especial recompensa»? A tenor de los documentos que constan en el expediente, el juez ha sido premiado, sobre todo, por su actuación como presidente del tribunal del juicio por los atentados del 11-M.

Los motivos se explicitan en la propuesta elevada al ministro del Interior por el comisario jefe de la Audiencia Nacional, Mario A. Jiménez.

El escrito comienza haciendo referencia a que, antes de presidir la Sala de lo Penal, Javier Gómez Bermúdez fue magistrado de esa Sala y juez central de Vigilancia Penitenciaria.

«Desde los diferentes puestos que ha desempeñado en la Audiencia Nacional, ha dado un decidido impulso a la lucha contra el terrorismo y la criminalidad organizada en sus distintas vertientes; impulso al que no ha sido ajena su extraordinaria capacidad de trabajo».

«En cuanto a sus relaciones con los responsables del Cuerpo Nacional de Policía», prosigue el comisario jefe, Javier Gómez Bermúdez «mantiene siempre una actitud abierta, de plena colaboración, asesorando sobre aquellos aspectos de difícil encaje dentro de la investigación sin limitación de tiempo ni medios».

El escrito elogia, a continuación, la «actitud proactiva» mostrada por el magistrado presidiendo las vistas de los procedimientos «de la máxima importancia» y «problemáticos», entre los que cita Segi, Jarrai, Askatasuna, Gestoras Pro Amnistía o el proceso contra el miembro de los Grapo Martín Ponce.

«Pero si hay un hecho diferencial que pone de manifiesto su compromiso con la sociedad, la justicia y los funcionarios que realizaron la investigación, es su dirección del juicio por los atentados del 11 de marzo de 2004», subraya el escrito.

«La complejidad de la vista, con más de 40 procesados, la multiplicidad de pruebas, testigos, peritos, etcétera... demostró [sic] su verdadera capacidad como presidente del tribunal y le valió los elogios de los numerosos medios de comunicación nacionales e internacionales acreditados en la vista».

El texto explica por qué el comportamiento profesional del magistrado Javier Gómez Bermúdez en el juicio llevado a cabo por los atentados terroristas del 11-M le hace merecedor de la condecoración policial: «Su papel fue fundamental para reconducir las numerosas divergencias relacionadas con los medios de prueba, testimonios de informadores, etcétera..., no permitiendo en ningún caso que el juicio derivase en derroteros confusos y que los testimonios de los funcionarios de Policía, especialmente de las comisarías Generales de Policía Científica e Información, resultaran determinantes».

Memoria del 11-M

LA ESCOPETA NACIONAL
12/12/2011 CARLOS CUESTA


Una simple farsa. Eso es la versión oficial de aquel 11-M de 2004 que cambió la Historia de España. Y no porque lo diga ningún periodista. Sino por la evidencia de unas pruebas que reflejan ya que ni el explosivo era Goma 2 eco que se nos dijo; ni nadie recuerda haber visto hasta 18 horas después, y en una comisaría, la mochila clave en la investigación; ni el explosivo de aquella bolsa coincide con el analizado por los peritos; ni la metralla que llevaba la mencionada mochila aparece en el cuerpo de ninguna víctima; ni el teléfono incluido en esa bolsa pudo alumbrar ningún dato porque el agotamiento de la batería borraba la información; ni las versiones de los testigos clave se sostienen ahora ante la evidencia de que, o han cambiado el testimonio, o sus confesiones les supusieron beneficios económicos, empleos y la nacionalidad; ni se adjuntaron al sumario las actas de las muestras que se recogieron en cada foco de explosión; ni se respetó la Ley de Enjuiciamiento Criminal al destruirse los restos de los trenes; etc, etc.

Pero si triste es ver cómo el principal atentado de la Historia de España permanece al menos ocho años sin aclaración y con un juicio pendiente por posible manipulación de pruebas, no menos triste es ver la impunidad con la que un partido, el socialista, pide que nos callemos con el argumento de que es hora de pasar página. Porque ese partido, que accedió al Gobierno tras el atentado y plena conmoción que alteró el destino de parte de los votos, debería ser el primer interesado en eliminar la menor sombra de duda. Porque ese partido, en obra del señor Rubalcaba, fue el culpable de las demoras judiciales soportadas en la aportación de los documentos reclamados en el proceso contra Sánchez Manzano. Porque ese partido se ha encargado de marginar en la aportación de fondos a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, que ha mantenido abiertos los procesos judiciales clave para la supervivencia de la investigación. Y porque ese partido es el mismo que ha empleado el argumento contrario -el de no pasar página- para impulsar su Ley de Memoria Histórica.

¿Acaso es que esa memoria histórica no exigiría antes redoblar los esfuerzos investigadores sobre un atentado del que nada sabemos, que sobre una Guerra Civil en la que las investigaciones y títulos se cuentan por miles? Porque supongo que todos queremos que se sepa la verdad de aquella masacre... ¿o no es asÍ?

Méritos

A CONTRAPELO
12/12/2011 SANTIAGO GONZÁLEZ


Uno recuerda haber calificado en su día de relato consistente la sentencia del juez Gómez Bermúdez sobre los atentados del 11-M. También confiesa haber tenido un interés muy relativo en los asuntos contemplados en dicha resolución por tratarse de cosa ya juzgada. Sin embargo, no es cuestión baladí que las pruebas principales contra Jamal Zougam, único condenado como autor material de los atentados de Atocha, sean los testimonios prestados por dos testigos protegidas, que, según las informaciones publicadas por este periódico, mintieron.

El asunto, en cualquier caso, va para largo. Para que los abogados de Zougam consigan una revisión en el Tribunal Supremo habrán de conseguir previamente una condena firme por falso testimonio en causa criminal. Los citados defensores se quejan de que el Tribunal puso un celo quizá excesivo en la protección de las testigos, lo que impidió hacerles «un interrogatorio en condiciones».

Viene esto a cuento de un asunto colateral, pero que tiene su gracia. Resulta que Interior viene a imponer sus medallas y distintivos el 2 de octubre de cada año, día de los Ángeles Custodios, que es la festividad de la Policía. Bermúdez ha sido distinguido en tal fecha del año pasado con la medalla de la Orden del Mérito Policial con Distintivo Rojo. Dos años antes, ya habían sido reconocidos sus méritos policial y penitenciario. Lo interesante de la última es que va pensionada de manera vitalicia, con el 10% del sueldo del magistrado, momio no desdeñable en tiempos de austeridad y recortes. El juez Bermúdez será uno de los poquísimos funcionarios españoles que no sufrirán recortes en su sueldo: la pensión compensará el 5% del tijeretazo de Zapatero y el primer 5% que aplique Rajoy.

Lo más notable de la concesión es la relación de méritos que el comisario Jiménez describía en su escrito al proponer al juez Gómez Bermúdez para la condecoración. Cita el proponente el impulso dado por el juez contra el terrorismo y la criminalidad organizada, así como la relación abierta y de plena colaboración que mantiene siempre con los responsables del Cuerpo Nacional de Policía, «asesorando sobre aspectos de difícil encaje dentro de la investigación».

De manera muy especial se señala su dirección del juicio por los atentados terroristas del 11-M, en el que tuvo «un papel fundamental para reconducir las numerosas divergencias» de los medios de prueba y testimonios, «no permitiendo que el juicio derivase en derroteros confusos y que los testimonios de los funcionarios de policía resultaran determinantes».

Tal vez considerasen ustedes que es la Policía la que debe colaborar con los jueces y no al revés; a mí mismo me pasaba. Tal vez pensaran, como la Asociación Preeminencia del Derecho, que premios de esa naturaleza, dados por un actor habitual en los procesos penales, compromete al juez que los recibe en su independencia e imparcialidad.

O podría comprometerle, lo que viene a ser lo mismo. Hoy va a empezar la vista oral contra Francisco Camps por un delito de cohecho impropio consistente en los famosos trajes de Milano.
En fin, no diré más.

Un texto obsceno que muestra a un juez «vendido»

12/12/2011

NUESTRO periódico lleva luchando desde su fundación hace más de 22 años para que España sea un auténtico Estado de Derecho, basado en la separación de poderes. Ha habido avances y retrocesos en esta causa, pero nunca nos habíamos encontrado un documento tan obsceno como el que publicamos hoy, que saca a la luz una peligrosa connivencia -o mejor un conchabeo- entre el poder ejecutivo y el judicial.

Hay que precisar que la valía de este documento del Ministerio de Interior radica en que los responsables del departamento nunca creyeron que se fuera a divulgar. Por ello, resulta especialmente sincero y verosímil. Si lo hemos podido conocer es con motivo de un recurso judicial a la concesión de la medalla a Gómez Bermúdez.

Dicho esto, el documento constituye un impagable testimonio de cómo ha concebido el Ministerio del Interior regido por Rubalcaba lo que debe ser la relación con los jueces al elogiar la labor de Javier Gómez Bérmudez como presidente del tribunal del 11-M. Concretamente dice que «su papel fue fundamental para reconducir las numerosas divergencias relacionadas con los medios de prueba… no permitiendo que el juicio derivara en derroteros confusos».

Igualmente, el documento destaca «su compromiso con los funcionarios que realizaron la investigación» y subraya que gracias a él los «testimonios» de los mandos policiales «resultaron determinantes». Más claro no se puede decir. Por esa labor decisiva en apoyo de la versión policial en el juicio sobre el crimen más atroz de la democracia, Bermúdez fue condecorado en septiembre de 2010 con la medalla al mérito policial, que conlleva una pensión vitalicia del 10% de su sueldo.

Hay que recordar ahora las circunstancias en las que se produjo aquel juicio poco antes del cual el propio Gómez Bermúdez prometió a las víctimas y a algunos periodistas que los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado que hubieran cometido delitos irían «caminito de Jérez». No cumplió su compromiso e Interior le premió con una medalla -que debería devolver si tuviera un mínimo de dignidad- por «reconducir» el proceso y lograr que los testimonios de los funcionarios policiales «resultaran determinantes».

La gravedad de esta parcial conducta, impropia de un juez, es mayor si se consideran algunos pasajes de la sentencia o la forma cómo dirigió los interrogatorios de los dos testigos que han sido determinantes para enviar a Jamal Zougam a la cárcel. Bermúdez reconvinó a varios abogados por preguntar por qué la testigo J-70 tardó 11 meses en declarar tras producirse el atentado y por intentar verificar las contradicciones de la testigo C-65. Ahí están los vídeos de las declaraciones que reflejan la actitud del juez, en concordancia con esa manera de dirigir el proceso que tan bien describe Interior.

Como declara hoy Javier Arenas a nuestro periódico, amplios sectores de la sociedad española albergan «dudas» sobre cómo se produjeron los atentados del 11-M, que se han acrecentado estos días por las revelaciones de EL MUNDO. Todo indica que Zougam sirvió para cuadrar la endeble versión policial y eludir esos «derroteros confusos» que abrían muchas otras hipótesis. Bermúdez supeditó la verdad a los intereses del aparato policial que luego pagó sus servicios y además aprovechó el caso para consolidar su plaza como presidente de la Sala Penal de la Audiencia Nacional, para que su mujer pudiera publicar un libro con información reservada y para ganar él mismo un premio literario por su conocimiento del terrorismo islámico.

El documento que publicamos hoy es la demostración de cómo desde el punto de vista de la policía controlada por Rubalcaba era percibido como un juez parcial y, por ende, prevaricador. Pero este documento es también la prueba de que para que se haga justicia en el 11-M será preciso que haya un nuevo juicio presidido por un magistrado que no esté dispuesto a «venderse» a ningún estamento policial o político.

Un 10% más de sueldo sin riesgo ni peligro

12/12/2011

A diferencia de otras condecoraciones simplemente honoríficas, la Cruz al Mérito Policial con Distintivo Rojo conlleva sustanciosos incrementos salariales, que además se disfrutan de por vida. El sueldo bruto de Javier Gómez Bermúdez ha aumentado un 10% desde que recibió la medalla, el 2 de octubre de 2010, día de la Policía, de manos del entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.

No es la primera vez que Rubalcaba premia al juez de la Audiencia Nacional. En 2008, un año después de dictar la sentencia del 11-M, Gómez Bermúdez fue distinguido con una condecoración al mérito policial y con otra al mérito penitenciario. Ambas le fueron concedidas en un intervalo de apenas 15 días.

Lo que no se acaba de entender es qué requisitos le hicieron a Gómez Bermúdez valedor de una medalla para la que, como deja bien claro la Ley sobre Condecoraciones, hay que «resultar herido en acto de servicio», o «realizar, en circunstancias de peligro para su persona, un hecho abnegado o que ponga de manifiesto un alto valor en el funcionario», u «observar una conducta que, sin llenar plenamente las condiciones exigidas para la concesión de la medalla al mérito policial, merezca especial recompensa en consideración a hechos distinguidos y extraordinarios en los que haya quedado patente un riesgo o peligro personal».

¿El juicio del 11-M puso en riesgo o en peligro al presidente de su tribunal? La pregunta se la hizo la asociación de juristas Preeminencia del Derecho, cuya denuncia contra la concesión de la medalla pensionada a Bermúdez ha sido admitida a trámite por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

La asociación considera esta distinción «incompatible con el deber de independencia e imparcialidad», ya que, argumenta, «no se puede ser juez del orden penal y estar en nómina del Ministerio del Interior». En concreto, considera que vulnera el artículo 1.3 de la Ley de Incompatibilidades, que dice que «el desempeño de un puesto de trabajo por el personal incluido en el ámbito de aplicación de esta ley será incompatible con el ejercicio de cualquier cargo, profesión o actividad, público o privado, que pueda impedir o menoscabar el estricto cumplimiento de sus deberes o comprometer su imparcialidad o independencia».

Sindicatos policiales, asociaciones judiciales y colectivos de víctimas han criticado también la distinción realizada a Gómez Bermúdez.

Mediático e invasivo

12/12/2011

Bermúdez dificultó el trabajo de las defensas y sirvió a las tesis del Gobierno

El juez Javier Gómez Bermúdez asumió durante el juicio del 11-M un protagonismo invasivo, inhabitual en un presidente de cualquier tribunal, lo que, unido a la extraordinaria cobertura mediática que se dio a la vista oral, con sesiones retransmitidas en directo por televisión e internet, le proporcionó una enorme proyección pública.

Su esposa, Elisa Beni, lo aprovechó para lanzar al mercado un libro que se convirtió en un best-seller -La soledad del juzgador. Gómez Bermúdez y el 11-M-, que provocó el malestar entre las víctimas y la Judicatura y que se presentó apenas dos semanas después de que, el 31 de octubre de 2007, el propio juez escenificase una lectura pública de la sentencia, justo para la campaña de Navidad. La empresa con la que la periodista gestionó los derechos de autor se había fundado en junio, cuando el juicio aún no había concluido.

La intervención de Bermúdez fue decisiva para sostener en la sentencia las tesis que mejor convenían al Gobierno. Por ejemplo, la condena a Jamal Zougam, cuyo arresto en la víspera de las elecciones de 2004 provocó el vuelco político a favor del PSOE. El juez sobreprotegió a las testigos de cargo, que finalmente fueron la única prueba contra el marroquí, y dificultó enormemente el interrogatorio de las defensas.

Especialmente a J-70, que había tardado nada menos que un año en acudir a la Audiencia Nacional a decir que le había visto en el tren. Este diario publicó la semana pasada que esa mujer rumana había sido descartada como víctima en dos ocasiones por los técnicos del Ministerio del Interior, que rechazaron que tuviera derecho a las indemnizaciones y a los papeles para regularizar su situación. La última vez, apenas 15 días antes de su primera declaración. Pues bien: Bermúdez interrumpió en dos ocasiones a las defensas cuando le preguntaban por qué había tardado tanto en declarar y, así, impidió que se conociesen sus posibles motivaciones.

Además, en la sentencia que él redactó se dice que «está probada la presencia de Goma 2 ECO en todos los trenes donde explosionaron artilugios, pues un componente exclusivo de esta dinamita plástica en un porcentaje relevante está en todos ellos, el dibutilftalato». Ese dato es falso: el dibutilftalato no es un componente exclusivo, ni mucho menos, de la Goma 2 ECO, sino que es un plastificante presente en casi todas las dinamitas tipo goma, y también forma parte, por ejemplo, del Titadyn.

Las víctimas se han quejado varias veces de que, en una reunión privada con Bermúdez, éste les prometió que algunos mandos policiales «se irían caminito de Jerez» tras el juicio, en el sentido de que deduciría testimonio contra ellos por cometer negligencias o mentir en la vista oral. El juez incumplió esa promesa: ni lo hizo ni facilitó después el material que pidieron para poder fundamentar la querella contra el ex jefe de los Tedax.

«Todos los españoles hemos tenido dudas y las seguimos teniendo sobre el 11-M» JAVIER ARENAS

LA ENTREVISTA DE ESTHER ESTEBAN

La entrevista se realiza telefónicamente en pleno puente de la Inmaculada, durante el cual no se ha tomado ni un pequeño respiro. Para él, la campaña electoral continúa tras las generales con la mirada puesta en las autonómicas andaluzas de marzo. Tiene un discurso de centro derecha bien amueblado y una gran experiencia tanto en la cosa pública como en padecer en carne propia el frío de la oposición, por lo que no da puntada sin hilo. Sigue siendo un volcán en erupción y tiene la ilusión del recién llegado aunque la experiencia, en su caso, sea un grado.

Pregunta.- ¿Hay nuevos datos para revisar el juicio del 11-M después de lo que hemos conocido de Zougham?
Respuesta.- Le corresponde a los jueces decidir la reapertura del caso y ni como Gobierno ni como partido obstruiremos lo que decidan.

P.- ¿Da por cerrado el 11-M o sigue suscitando dudas?
R.- Todos los españoles hemos tenido dudas y seguimos teniéndolas.

P.- Bueno, por fin Rajoy ha explicado a Merkel y Sarkozy sus prioridades de gobierno, cosa que no ha hecho en España. ¿Su silencio es sospechoso, como dice el PSOE?
R.- Rajoy lleva 20 días dedicado a la agenda europea, a diseñar la reforma del sector financiero, la nueva ley sobre el techo de gasto y una reforma laboral. Muchos se han precipitado, presionándole para que ejerciera como presidente del Gobierno cuando todavía no lo es, y lo primero que tiene que hacer Mariano Rajoy es respetar los plazos y la Constitución.

P.- ¿Cuáles serán sus prioridades de gobierno?
R.- Su prioridad absoluta es el empleo y una amplia agenda de reformas que pueda traer la confianza a la sociedad española, que se ha dilapidado en los últimos años. Con todas las personas que ha hablado, ha puesto de manifiesto que si no hay financiación para laspymes y las familias, no salimos de la crisis económica. Rajoy va a presentar un plan de salida de la crisis en el debate de investidura y conoceremos con más detalle todas sus propuestas, pero el único camino para ganar a la crisis y al paro es estar a la cabeza de Europa, y con un liderazgo que de confianza y credibilidad.

P.- ¿Y no es muy aventurado pensar que con la mera presencia de Rajoy ya somos de fiar, por mucho que Merkel y Sarkozy le den confianza?
R.- Merkel y el resto de los líderes europeos conceden a Rajoy un plus de confianza no sólo porque ha tenido una mayoría amplísima en las urnas, sino porque saben que es un hombre serio, solvente y va a cumplir lo que prometa a la UE.

P.- Pero una cosa es cumplir y otra estar a la cabeza con el nuevo tratado a 26...
R.- Vamos a estar en la cabeza de la UE porque en la primera categoría de ese nuevo tratado estarán los países que se quieran someter a los requisitos de la estabilidad presupuestaria. Y nosotros lo haremos. Tras los encuentros que ha mantenido Rajoy, España ha empezado a recuperar el prestigio en la UE y todos los españoles debemos compartir su apuesta para que nuestro país siga estando a la cabeza de Europa.

P.- Usted ha hablado de consenso. ¿Eso es posible cuando uno tiene una mayoría absoluta que le permite sacar lo que quiera solo?
R.- En la situación tan compleja que tenemos, los grandes acuerdos nacionales son más necesarios que nunca para mantener la batalla contra el terrorismo de ETA y que ésta desaparezca definitivamente, en política exterior y, sobre todo, en torno a un pacto nacional por el empleo. Desde una mayoría amplia, Rajoy tendrá generosidad para ofrecer esos pactos, y sería muy importante que en el PSOE triunfe la tesis de llegar a acuerdos con Rajoy por encima de los intereses partidistas.

P.- ¿Rajoy aplicará en España la dieta Cospedal, que incluye grandes recortes y gestión privada y pública para algunos servicios esenciales?
R.- El modeloCospedal es austero en la gestión de los intereses públicos y plantea una reforma de la gestión de los servicios esenciales, preservando los derechos fundamentales de los ciudadanos. Ahora tenemos que trasladar el espíritu constitucional del techo de gasto a todas las comunidades autónomas, ir a una gran reforma de la Administración para evitar duplicidades y estudiar la reforma en la prestación de los servicios manteniendo los derechos de los ciudadanos a la educación pública gratuita y la sanidad pública generalizada. Hace falta algo similar al Pacto de Toledo para hablar de la financiación y de la dependencia y esto en privado te lo reconocen los consejeros de Hacienda de los gobiernos socialistas.

P.- La clave es crear empleo, y si la ciudadanía no percibe pronto eso, todo lo demás son milongas…
R.- Bueno, lo primero es lo primero: que vuelva la confianza para el consumo, para la inversión y para que haya un crecimiento económico y esto se pueda convertir en empleo. En España tenemos que estar en torno a un crecimiento del 2% o 3% para que empiece la creación de empleo, y tengo la firme esperanza de que 2012 se cierre con brotes verdes de recuperación de la economía.

P.- Tal vez, pero hasta que no llegue ese momento, las calles pueden arder, o eso auguran algunos mientras la derecha esté gobernando...
R.- La calle sabe que es momento de sacrificio y exige que los primeros en apretarse el cinturón sean los gobernantes y los responsables públicos. De hecho, en las comunidades donde se han adoptado las medidas más impopulares, como Cataluña, el partido que gobierna ha recibido un mayor respaldo de las urnas. La calle hoy penaliza al que no coge el toro de la crisis por los cuernos.

P.- Vamos, que partidos, sindicatos y empresarios deberían dejar de cobrar subvenciones y dar ejemplo...
R.- Sí, tienen que reducirse las subvenciones empezando por los partidos y siguiendo por todas las organizaciones que tengan papel público en España.

P.- ¿Los gobernantes derrochadores deberían dar cuentas a la Justicia, una vez perdidas las elecciones?
R.- Conozco municipios de 10.000 habitantes donde había ingresos mensuales de 30.000 euros y gastos mensuales de 700.000. Hoy están en bancarrota, y no me parece que sea suficiente decir 'yo ya he pagado porque he perdido las elecciones'. Hay que establecer responsabilidades jurídicas para los derrochadores que dejan en quiebra las instituciones que gobiernan.

P.- Hablando de derroche, el PER está en el punto de mira. Mire lo que dice CiU…
R.- Ayudas y subvenciones hay en todas las comunidades autónomas. El PER sigue siendo una necesidad en Andalucía y lo que hace falta es un giro, una reestructuración, para ponerlo al servicio de la economía productiva.

P.- ¿Y el caso de los ERE será la tumba de Griñán?
R.- Griñán tiene responsabilidades políticas y jurídicas muy claras en el asunto de los ERE, en el que han gastado más de 1.000 millones de los trabajadores y de los parados en favorecer a los amigos del poder. Chaves y Griñán son el vivo ejemplo de esos abusos.

P.- Rubalcaba dice que Rajoy perdió tres veces y él una, por lo que tiene margen para liderar el PSOE.
R.- Imagino que Rubalcaba hará esa reflexión, pero no parece que vaya a proyectar una imagen de futuro y de cambio dentro del PSOE. En términos económicos, sociales y de búsqueda de concordia y de consensos nacionales, Zapatero ha sido el peor presidente de la democracia, y Rubalcaba su mano derecha.

P.- ¿Cospedal puede seguir siendo número dos del PP y presidenta de Castilla-La Mancha con la que esta cayendo?
R.- María Dolores ha demostrado que puede compatibilizar la secretaría general y la presidencia de Castilla-La Mancha, y hacerlo muy bien.

domingo, diciembre 11, 2011

Zougam: 'Se ha cometido una injusticia brutal conmigo'

EL MUNDO

Un nuevo juicio para nuestra Mary Surratt

CARTA DEL DIRECTOR/PEDRO J. RAMÍREZ
11/12/2011

Vamos a seguir dando la batalla de la letra pequeña como han hecho estos días Casimiro García- Abadillo y Joaquín Manso con su minuciosa deconstrucción de la sentencia, y en especial de los probables falsos testimonios, fruto de meses y meses de investigación periodística. Pero si ustedes quieren entender a grandes rasgos, de forma a la vez amena y dramática, por qué Jamal Zougam fue condenado a más de 42.700 años de cárcel vayan a ver esta misma tarde la película de Robert Redford: "The Conspirator".

De entrada se darán cuenta de que el clima de confusión, el caos logístico y político, la escalada de rumores, la espiral de la consternación y el miedo que se desencadenó en Washington la noche del asesinato de Lincoln debió de parecerse bastante a lo que tuvimos la desgracia de vivir en Madrid la mañana del 11-M. Ningún gobierno de ninguna época en ninguna capital del mundo ha tenido nunca previsto un protocolo ni para el caso de que alguien asesine al presidente, mientras otro apuñala al secretario de Estado y un tercero se dispone a atacar al vicepresidente, ni para el supuesto de que exploten 10 mortíferas bombas en otros tantos vagones de Cercanías y cuatro estaciones distintas.

Al margen de pequeños errores como la perfecta iluminación de la habitación en la que convalecía Seward -fue la oscuridad del cuarto la que impidió a su apuñalador alcanzar ningún órgano vital- o la colocación del cuerpo agonizante de Lincoln en la cama a la que fue trasladado, en sentido inverso al de la realidad, hasta el más obseso especialista en el primer gran magnicidio de la edad contemporánea, reconocerá la exactitud y el esfuerzo por el detalle de la película de Redford.

Ese anhelo por la precisión es el que nos permite asistir a la detención de Mary Surratt tres días después del crimen del Teatro Ford como si se tratara de un documental rodado en aquel momento: el registro de la casa de huéspedes que regentaba, la torpe irrupción del hombre que resultaría ser el asesino frustrado de Seward, provisto de un pico; su extraña explicación de que la propietaria le había encargado cavar una zanja; el desmentido de Mary Surratt, quien dijo no conocerle; el descubrimiento de una foto del actor Wilkes Booth, autor material del magnicidio y amigo de la familia, y el arresto de todos los presentes. Así sucedieron los hechos, con una cadencia temporal muy similar a la detención de Zougam y su socio en el locutorio de Lavapiés.

La relación material de la viuda Surratt con los sudistas complotados primero para secuestrar a Lincoln y luego para asesinarle -su propio hijo era uno de ellos-, resultó ser mucho más estrecha e intensa que la de Zougam con el resto de los imputados en el sumario del 11-M. Sin embargo, la explicación que ella da a su joven abogado resultaría perfectamente extrapolable: «Llevo una casa de huéspedes, perdónenme por llenarla de huéspedes».

Quienes subrayan que en la condena de Zougam además de «la principal prueba de cargo» -los reconocimientos de C-65 y J-70- pesan el «suministro» de las tarjetas correlativas a la de la mochila de Vallecas y esas otras «pruebas circunstanciales e indirectas» que se derivan de su relación con integrantes del llamado grupo de Leganés, deberían tener en cuenta: 1.- Que en sede judicial ha quedado por dos veces acreditado que el teléfono en el que estaba esa tarjeta no podía conservar la hora del despertador como estableció la policía y, por lo tanto, no hay nada esencial que la vincule a los atentados. 2.- Que ese «suministro» consistió en una venta realizada por un dependiente a través del mostrador. 3.- Que, a pesar de los reiterados esfuerzos de la policía por amalgamarle a ellos -denunciados en su día por uno de los hermanos Almallah y por el confidente Cartagena- los únicos lazos probados entre Zougam y los otros implicados son los propios del comercio.

«Llevaba una tienda que vendía tarjetas de móviles en un barrio repleto de marroquíes, perdónenme por haber vendido tarjetas de móviles a marroquíes», podía haber declarado Zougam, remedando a la señora Surratt. Un tuitero buscó el otro día la elocuencia de la reducción al absurdo: «¿Habrían detenido a Isidoro Alvárez si las tarjetas se hubieran vendido en El Corte Inglés?».

Ser una católica sureña ya era en sí mismo un motivo de recelo en aquel Washington que vivía el final de la guerra civil -como ser un oficial judío en el París de comienzos del siglo XX o un tendero magrebí en el Madrid de nuestros tiempos- y la percha de la señora Surratt sirvió, tras su detención, para colgar tantas fantasías truculentas como las que enseguida se asignaron a Zougam. «Prejuzgada, sentenciada, condenada con antelación por cada emborronador de cuartillas dispuesto a escribir un párrafo sensacionalista y a apuñalar con impunidad a una mujer indefensa»: así la describió el único panfletista que se atrevió a reivindicar su inocencia bajo el seudónimo de Amador Justitiae.

Cuando el joven Frederick Aiken le dice a su novia que ha decidido asumir la defensa de la viuda Surratt, ella reacciona con el más elocuente de los monosílabos: «What???». Pero más allá de la hostilidad ambiental -pronto le expulsarán de su club social- el entusiasta abogado tuvo siempre claro dónde iba a estar la clave del juicio: «¡No me han dado la lista de testigos… en este procedimiento pueden hacer lo que quieran!», exclama casi al comienzo de la película.

Pese a que a la señora Surratt la juzgó un tribunal militar de forma bastante expeditiva, llama la atención que en ese punto crucial se garantizó mucho más su derecho de defensa, y en concreto el principio de contradicción, base de todo juicio justo, que en la vista oral del 11-M. Aunque en la película aparecen lógicamente resumidos, los interrogatorios a los dos principales testigos de cargo contra Mary Surratt -su huésped Weichmann y el tabernero Lloyd- se extendieron durante horas y los abogados pudieron ponerles en graves apuros tras investigar sus respectivos antecedentes como espía y como alcohólico.

Quien ejerció la defensa de Zougam no tuvo ni siquiera acceso a las verdaderas identidades de C-65 y J-70. Tampoco a sus expedientes como víctimas. Es evidente que si hubiera sabido que la primera se presentó en el consulado con una falsa acompañante, declaró que le había caído encima un cadáver en un vagón sin víctimas mortales ni heridos graves, cobró junto al marido 100.000 euros y fue contratada por el íntimo amigo del comisario general de la Policía Judicial; y sobre todo, si hubiera sabido que la segunda había sido considerada como impostora por el Tribunal de Evaluación del Ministerio del Interior tan sólo 15 días antes de su ataque de memoria sobrevenida casi un año después de los hechos, el interrogatorio habría sido muy distinto.

Si quieren experimentar una siempre saludable mezcla de indignación, estupor y vergüenza ajena, no tienen sino ver los vídeos de las escuetas declaraciones de C-65 y J-70 que circulan estos días profusamente por la Red -en 19 y 22 minutos respectivamente se ventiló la suerte de un hombre- y cotejar lo sucedido con su descripción en la sentencia de Bermúdez como «un interrogatorio muy duro que incluso rebasó lo tolerable, obligando a intervenir al presidente del Tribunal». Tal vez se trataba de una frase fantasiosa y encomiástica, destinada al libro de Elisa Beni, y con las prisas de la escritura a cuatro manos se le traspapeló al matrimonio y la mala novela mutó en prosa forense.

Ironías al margen, creo que sólo la posteridad valorará de forma adecuada la importancia que tuvo en la sentencia de Bermúdez la decisión de su mujer de escribir un libro sobre el juicio, pues es obvio que si al mismo tiempo hubiera absuelto a Zougam, la pareja habría sido linchada por las fuerzas gubernamentales: él habría perdido la presidencia de la Sala Penal de la Audiencia y ella se habría quedado sin poder codearse con altos dignatarios en los ascensores. A veces creemos que sólo la bondad o la maldad mueven el mundo, pero ¿qué es la presunción de inocencia comparada con la ansiedad social?

También el general Hunter, homólogo de Bermúdez en el juicio contra los acusados de asesinar a Lincoln, actuó más como protector de los testigos de cargo que como evaluador ecuánime de su credibilidad. Tanto la película como esos vídeos muestran cómo uno y otro persiguen a priori destruir cualquier «duda razonable» que se interponga entre sus propósitos y la culpabilidad de los acusados. Fuera como fuera, había que condenarles. ¿Qué ocurría? Pues que también sobre Hunter pesaba la sombra del poder político, personificado en el secretario de Defensa Stanton, con el fiscal Holt -un Zaragoza como otro cualquiera- haciendo de dócil correa de transmisión.

Stanton, trasunto a la vez de Zapatero, Rubalcaba y toda la cúpula gubernamental, resume muy bien, con todo el empaque que Kevin Kline da a su sutil cinismo, cuál es la razón de Estado en una situación así: «Han asesinado a nuestro amado presidente, alguien tiene que ser responsable, la gente lo necesita». Y puesto que en el caso de los Surratt, el hijo se ha dado a la fuga, bien puede ocupar su lugar su madre: «Me sirve cualquiera de los dos».

Si Zougam se hubiera escapado en vez de continuar con su rutina, como si tal cosa, entre su domicilio y su locutorio, entre sus horas de gimnasio y sus planes de boda, quienes decidieron detenerle aquel sábado -con los efectos de todos conocidos- seguro que habrían buscado a otro de un perfil similar. Que ni siquiera pusiera pies en polvorosa cuando supo, como todo quisque, que la policía seguía la pista de la tarjeta telefónica del móvil de la mochila de Vallecas, es uno de los contraindicios más sólidos de su inocencia.

Una vez detenido, una vez criminalizado en los pasquines y en los medios de comunicación -las amigas de su novia le preguntan al abogado de Mary Surratt si es verdad que ella «escupe» a los soldados y lleva un «hueso» de un nordista a modo de colgante-, Zougam no podía ser inocente. Tras la reacción química que su detención desencadenó en la calle y en las urnas, su absolución habría dejado a todos los poderes del Estado a la intemperie. En qué momento se decidió endosarle no sólo la participación en la trama, sino también la autoría directa de la masacre, es algo que no sabemos. Probablemente cuando quedó patente que la versión oficial sólo conducía al callejón sin salida de la explosión del piso de Leganés y que ni siquiera había nadie que hubiera visto en los trenes a ninguno de los allí inmolados.

Entonces llegó la hora de las dos rumanas: de la que dice que Zougam pasó «como un loco» golpeándole en la espalda con la mochila sin pedir perdón, pero que no obstante le vio la cara; y de la que se acordó de todo cuando, en febrero de 2005, vio que se quedaba sin nada. Si la tesis de la película de Redford es que los dos testigos contra Mary Surratt mintieron para protegerse a sí mismos y una de las principales especialistas en el asesinato de Lincoln, Dorothy Kunhardt, va más allá y sostiene que Weichman había sido sobornado por Stanton, es fácil imaginar cómo se valorará la conducta de estas dos mujeres y sus lazarillos a medida que los intereses creados vayan despareciendo de escena.

Cuando llega el mazazo de la condena a la horca, los amigos del joven abogado de Mrs. Surratt le aconsejan que «la mejor opción es la botella y el olvido». Pero él no puede aceptar esa injusticia, intenta que un tribunal civil revise la condena y saca de la cama de madrugada a un veterano juez del distrito al que arranca una petición de habeas corpus que finalmente la Casa Blanca revocará. «¿Cree usted que es inocente?», le pregunta el magistrado. «No lo sé y si no tiene un juicio justo nunca lo sabremos», responde Aiken.

Si en España rigiera la pena de muerte, Zougam habría sido ejecutado tan expeditivamente como lo fue Mary Surratt. En su defecto, lleva casi ocho años en una celda de aislamiento a la espera o bien de que se declare culpable para mejorar su situación carcelaria, como ha hecho Trashorras, o bien de que la naturaleza vaya haciendo su trabajo de demolición hasta convertirlo en un muerto viviente. «Pronto estaré en silla de ruedas», explica hoy. Pues bien, las pruebas de su condena son mucho más endebles que las de la señora Surratt. ¿Nos conformaremos con que alguien haga algún día una película? Esperen a leer lo que publicaremos mañana para contestarme.

pedroj.ramirez@elmundo.es

11-M: Indicios de falso testimonio en el juicio contra el principal condenado del 11-M

Zougam: 'Se ha cometido una injusticia brutal conmigo'

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
JOAQUÍN MANSO MADRID
11/12/2011

Sobre los indicios de falso testimonio: «Sabía que algún día aparecería algo porque no he hecho nada»
Sobre su régimen de aislamiento: «Dentro de poco estaré en silla de ruedas»

Hacía cuatro años y medio -desde que el juicio por los atentados del 11-M quedó visto para sentencia- que no se difundía ninguna imagen de la única persona que ha sido condenada como autor del mayor atentado terrorista de la historia de Europa.

Pues ahí está: ése es Jamal Zougam en el locutorio del centro penitenciario de la localidad alicantina de Villena.

El preso marroquí pasa más de 20 horas al día en una celda de aislamiento, sin contacto con otros reclusos. Se encuentra enfermo, ha perdido más de 20 kilogramos de peso y tiene que usar gafas porque su vista se ha deteriorado, ya que apenas recibe la luz del sol.

Zougam tiene ahora 38 años y lleva los últimos ocho en el mismo régimen. Le quedan por cumplir otros 32 años y lo hará en esas mismas condiciones si no acepta reconocer su culpabilidad.

Los funcionarios de la prisión le han dado oportunidad de declararse culpable en múltiples ocasiones, y él ha seguido defendiendo su inocencia.

La única prueba de cargo en su contra es el testimonio de dos rumanas que, en el juicio, dijeron que viajaban juntas en el tren y que le vieron pasar «muy deprisa» por su lado.

Se trata de J-70, que tardó en acudir a identificarle nada menos que un año, pero que lo hizo sólo 15 días después de que los técnicos del Ministerio del Interior la descartasen como víctima del atentado y le cerrasen la puerta a las indemnizaciones. Tras acusar a Jamal Zougam, cobró 48.000 euros.

La otra es C-65, que contó en su primera declaración que la persona que le acompañaba en el vagón no era J-70, sino una mujer distinta.

Zougam ha conocido las informaciones de EL MUNDO que ponen de relieve que los datos que cuestionan la credibilidad de las testigos se ocultaron al sumario y, según las personas que le visitan en prisión, no le ha sorprendido que se haya descubierto que las testigos pudieron mentir.

Durante esta semana y las anteriores, ha contestado por escrito a varios requerimientos de este diario: «Sabía que algún día aparecería algo porque no he hecho nada. Yo no puedo perder la esperanza. Se ha cometido una injusticia brutal conmigo. Espero que el Estado de Derecho repare la barbaridad que hicieron jueces y fiscales. Deseo que se sepa la verdad».

El marroquí es el único de los condenados en el juicio de los atentados del 11-M que, más de tres años después de que su condena haya adquirido firmeza y se haya convertido en casi irrevocable, sigue defendiendo activamente su inocencia: «Como siempre he dicho, soy inocente y no tengo nada que ver con el atentado. Condeno éste y todos los atentados y condeno la violencia y el terrorismo vengan de donde vengan, y también condeno expresamente el terrorismo de Al Qaeda».

«Sigo en aislamiento en la cárcel de Villena. Estoy muy enfermo de artritis. He solicitado que me lleven al reumatólogo hace más de un año y todavía sigo esperando. Tengo dolores muy fuertes y a veces no puedo caminar. Si sigo así, dentro de poco estaré en silla de ruedas», relata el recluso marroquí, quien, antes de ser arrestado en la víspera de las elecciones generales de 2004, era un hombre fornido que acababa de contraer matrimonio y practicaba varios deportes.

EL MUNDO también le ha pedido a Zougam que haga un relato pormenorizado de su actividad durante el 10 de marzo, cuando los terroristas de la célula de El Tunecino -con los que no se ha demostrado que tuviese ningún vínculo- se preparaban para el atentado; y el mismo 11-M, cuando los islamistas que colocaron las bombas huyeron y él se quedó en casa y siguió yendo a trabajar, incluso después de que se difundiese el hallazgo de la prueba que podía incriminarle, la mochila de Vallecas.

«El 10 de marzo fui a trabajar, como siempre, sobre las 10.30 o las 11 de la mañana. En el locutorio estaban también Bakali y Zbakh [su socio y un empleado, respectivamente]. No recuerdo si fue el mismo día 10 o unos días antes, fui a un banco en Lavapiés a pagar varias multas por unos 400 euros. No recuerdo nada más especial ese día. Fue la misma rutina de todos los días.

No estoy seguro de si comí ese día en el restaurante Barraca o si fui a comer a casa de mi madre. Recuerdo que uno de esos días comí en casa de mi madre porque tenía que ir a ver un piso para alquilar. Me había casado en el consulado unas semanas antes y mi esposa seguía viviendo en casa de sus padres. En aquellos días estábamos viendo pisos para irnos a vivir juntos. Por la tarde, estuve todo el rato trabajando en el locutorio.

Sobre las 9.30, aproximadamente, me voy al gimnasio con Hassan Serrouk [que tenía una peluquería]. Estuve en el gimnasio hasta las 11.30. También estaba allí Mohamed Bakali [no se refiere a su socio, sino a otra persona que se llama igual].

Después me fui a casa entre las 11.30 y las 12. En casa cené y me acosté. Estaban mi madre, mi hermana Samira y mi hermano Chaoui, con el que compartía habitación.

El 11 de marzo me levanté sobre las 9 o las 9.30 y desayuné con mi madre viendo la televisión. Samira y Chaoui se habían marchado ya. Hablé por teléfono con Chaoui para preguntarle por el tráfico.

Después fui al locutorio como siempre, la misma rutina de todos los días».

Esto es: un relato preciso, con detalle de horas, lugares y personas que podrían confirmarlo y que constituirían una prueba de descargo contra él.

La fiscal, el juez Juan del Olmo y el tribunal del 11-M prefirieron creer a dos rumanas sin nombre que decían ser capaces de recordar -en uno de los casos, un año después- el rostro de una persona que habían visto en un tren atestado de gente, pasando «muy deprisa» por su lado y en una situación que en ese momento era propia de la vida cotidiana.

Los implicados en la trama contra Cillán hablaban sobre cómo “desestabilizarla”

LA GACETA
11 DIC 2011 | Diego Carrasco
Las conversaciones por correo electrónico entre dos letrados muestran los planes contra la juez del 11-M. Este suceso fue denunciado ante el Juzgado de Guardia.

Nuevas revelaciones documentales conseguidas por LA GACETA ponen de manifiesto la existencia de una trama para conseguir apartar a la magistrada Coro Cillán de la judicatura. Una conversación por correo electrónico entre un abogado de Barcelona y otro de Madrid lo dice todo a las claras cuando se despide: “Llámame para que te cuente cómo va el proceso de desestabilización de la juez”. En párrafos anteriores ya explicaban “el vivo interés por echar a la magistrada de la carrera judicial”, tal y como ayer adelantó este diario.

Fuentes jurídicas consideran que “el asunto con el que aparece relacionada la conversación de los dos abogados, el cierre de la discoteca madrileña Moma, carece de entidad suficiente para justificar un proceso de expulsión de la carrera judicial”. En consecuencia, “esto solamente se explicaría en el contexto de las diligencias de investigación de Coro Cillán entre las que se encuentra, entre otras, los atentados del 11-M”.

El contenido literal de estos emails está en la documentación que posee el Juzgado de Instrucción número 19 de Madrid, encargado de la investigación, señalan fuentes jurídicas. Y es que este asunto fue denunciado por los abogados Eugenio Rubio Linares y Agustín Guardia Palao, que recibieron en su despacho hasta 160 documentos enviados en un sobre con un remitente anónimo.

¿Qué hay detrás?

Así las cosas, este suceso merece la máxima diligencia del Juzgado de Instrucción para que investigue qué hay detrás de estos correos electrónicos que atacan directamente la independencia en el trabajo de una magistrada. Un asunto de esta relevancia no puede quedar indiferente para el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Por otra parte, el entorno de Coro Cillán explica lo difícil que es trabajar con su secretaria judicial, que la ha denunciado ante el Servicio de Inspección del CGPJ y ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. “Una secretaria que presiona para que expulsen a la magistrada”, apuntan. Pero Cillán está tranquila y sólo se dedica a trabajar y a sacar adelante los asuntos de su Juzgado de Instrucción.

Un ejemplo de que la secretaria pone trabas a Cillán es que “tiene los autos sin foliar, con lo que los puede manipular fácilmente al introducir o quitar documentos de la causa en cuestión”. Además, “la juez ha sufrido varios boicots de su secretaria al no presentarse a la práctica de las diligencias para dar fe judicial.

“Con esta actitud, lo que provoca es que el juzgado se paralice”, explican las citadas fuentes. Por el contrario, “si la juez decide continuar adelante con las actuaciones judiciales se puede enfrentar a que se anule parte de las mismas por la ausencia de la fe pública judicial”, resaltan. De todo ello está informado el presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Madrid, Francisco Viera Morante. Es conocido que la magistrada Cillán no tiene una secretaria judicial titular, esto es, con propiedad en ese juzgado, sino que comparte sus funciones con otro. En este sentido, tras el informe que remitió la juez al presidente del TSJ de Madrid, de que le cambiara la secretaria, aquél accedió a la solicitud, señalan las fuentes jurídicas.

Sin embargo, otro obstáculo impidió a Cillán que su petición se hiciera realidad. “El secretario de la Sala de Gobierno del TSJ de Madrid, competente para proponer los nombramientos, siempre se ha opuesto a ello”, enfatizan fuentes del entorno de la juez.

¿Quién cometió el atentado del 11-M?

¿Quién cometió el atentado del 11-M?

esRadio
Debates en Libertad
Javier Somalo

Luis del Pino recapitula las nuevas revelaciones sobre el 11-M acerca de los testigos falsos y la manipulación de los testimonios que imputaron a Jamel Zougam como autor del mayor atentado terrorista de la historia de Europa.

http://fonoteca.esradio.fm/2011-12-11/quien-cometio-el-atentado-del-11-m-en-debate-en-libertad-37222.html



Jamal Zougam

EL MUNDO
P.J. Ramírez (11/12/2011)

"En qué momento se decidió endosarle no sólo la participación en la trama, sino también la autoría directa de la masacre, es algo que no sabemos".

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO / JOAQUÍN MANSO  (11/12/2011)
"La fiscal, el juez Juan del Olmo y el tribunal del 11-M prefirieron creer a dos rumanas sin nombre que decían ser capaces de recordar -en uno de los casos, un año después- el rostro de una persona que habían visto en un tren atestado de gente, pasando «muy deprisa» por su lado y en una situación que en ese momento era propia de la vida cotidiana".

Jamal Zougam (11/12/2011)
Sobre los indicios de falso testimonio: "Sabía que algún día aparecería algo porque no he hecho nada".
Sobre su régimen de aislamiento: "Dentro de poco estaré en silla de ruedas".

LIBERTAD DIGITAL
Jamal Zougam (16/02/2007)

http://youtu.be/VcKG9U0upqE

Jamal Zougam (17/02/2007)
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sábado, diciembre 10, 2011

Denuncian una trama para echar a la juez del 11-M de la carrera judicial

Denuncian una trama para echar a la juez del 11-M de la carrera judicial

LA GACETA
10 DIC 2011 | D. Carrasco. Madrid

Dos letrados presentan hasta 160 documentos para probar su acusación. En el escrito citan al Ministerio Fiscal.

Las maniobras para conseguir apartar de la carrera judicial a la magistrada Coro Cillán, titular del Juzgado de Instrucción número 43 de Madrid, comienzan a tener visos de evidencia. Así lo demuestra el contenido de una denuncia presentada el pasado día 24 de noviembre por los abogados Eugenio Rubio Linares y Agustín Guardia Palao ante el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

Entre los documentos entregados el día 14 del citado mes en el juzgado de guardia de Madrid había uno que decía taxativamente: “Hay un vivo interés por echar de la carrera judicial a la magistrada titular del Juzgado de Instrucción número 43 y todo ello antes del día 20 de noviembre de 2011”.

Asimismo, el mencionado documento hacía referencia a una determinada persona “Manolo González para que hiciera valer sus influencias para aprovecharse de las quejas formuladas ante el CGPJ por los abogados de Fernando Robes Ybarra, por la secretaria judicial y por el representante del Ministerio Fiscal”. Tal y como adelantó este diario los días pasados. Esta situación atenta contra “la independencia judicial de Coro Cillán”.

Como telón de fondo de la trama está, entre otros, el asunto del cierre de la discoteca madrileña Moma. En efecto, el letrado Rubio Linares, que defendió el precinto del local nocturno, recibió el día 11 de noviembre en su despacho un sobre cerrado anónimo de color blanco con abundante documentación.

Concretamente, 160 documentos. “Una vez abierto resultó tener diferente contenido relativo a comunicaciones (emails y otros documentos) cruzada entre diferentes personas y que hacían referencia a las diversas negociaciones y estrategias jurídicas planteadas por los abogados defensores de Fernando Robes Ybarra”, socio del 27% de las acciones de la discoteca Moma.

En este sentido, lo que la denuncia pone de relieve es el cruce de correos electrónicos entre un abogado de Barcelona y otro de Madrid, cuyo cliente es Robes Ybarra. De ahí, que la persona que se cita para que haga las gestiones oportunas es “Manuel González afín al PSOE, muy próximo al juez suspendido Baltasar Garzón y condenado por estafa por la Audiencia Provincial de Valencia”, según fuentes jurídicas. Es más, para estrechar el cerco a la magistrada Cillán, “González se puso en contacto con un alto funcionario de la Secretaría de Gobierno del Tribunal Supremo para que se interesara por este asunto y moviera sus hilos”, explican.

Pruebas ilegales

De momento, el CGPJ no ha contestado a la denuncia presentada por el abogado Rubio Linares. Con idéntico contenido el letrado denunció los mismos hechos ante el juzgado de guardia el día 14 de noviembre. “La documentación contenida en el sobre entregado previsiblemente fue obtenida de forma ilegal y que afecta a un procedimiento penal en curso”. También se ha elevado copia de las denuncias presentadas al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Francisco Vieira Morante.

Con todo, las fuentes jurídicas consultadas por este diario insisten en que “se trata de una maniobra encaminada a presionar al CGPJ para que abra un expediente a la magistrada y conseguir así una suspensión que le impida investigar los asuntos que se encuentran en su juzgado, entre otros, los atentados del 11-M o la estafa de 17.000 cooperativistas”.

Los agujeros de gusano en la cosmología del 11-M

LIBERTAD DIGITAL
Por Pablo Molina
   
Llámenme conspiranoico, pero, por respeto a mis hijos, a los que siempre he procurado enseñar la diferencia entre la verdad y la ficción en los relatos infantiles, no me creo que un grupo de islamistas heterodoxos, amantes de los cubatas y el trapicheo y confidentes de la policía a tiempo parcial para preservar sus negocios, pudiera organizar y llevar a cabo el mayor atentado de la Historia de Europa.

No digo que no sea posible, como tampoco me atrevo a negar con rotundidad que el lobo se comiera a la abuela de Caperucita y más tarde un cazador extrajera viva a la buena señora de su estómago. Simplemente sostengo que lo más probable es que la anciana pereciera devorada por la alimaña y que el relato de la niña casquivana, apoyado por el testimonio de un cazador providencial, seguramente fue una invención para ocultar otras responsabilidades.

La teoría oficial sobre los atentados del 11 de marzo de 2004 permitió albergar desde el principio importantes sospechas que el transcurso del tiempo y las investigaciones periodísticas han confirmado de forma indubitable. Si la abuelita sobrevivió a la ingesta del lobo pero nadie ha vuelto a verla, es razonable dudar sobre el relato de Caperucita y su amigo el cazador, con quien, por cierto, se la podía ver desde mucho antes pasear por el bosque a deshoras, con grave escándalo para las nobles gentes de la aldea.

Luis del Pino, colaborador de esta santa casa, es tal vez el investigador que más ha trabajado para esclarecer lo que desde un principio él mismo llamó "los agujeros negros del 11-M". La denominación no pudo ser más acertada, pues también en el proceso para esclarecer los atentados hubo gran cantidad de materia que se volatilizó sin que se sepa dónde fue a parar, que es la principal característica de esos fenómenos cosmológicos de los que tomó prestado el nombre.

Pero, siete años después, parece que el inmenso agujero de antimateria formado en torno al 11-M lleva camino de convertirse en un agujero de gusano, que las ecuaciones de la relatividad y la teoría de cuerdas caracterizan como un vórtice energético capaz de conectar dos realidades distintas separadas por la línea normal espacio-tiempo.

Los testimonios recogidos tras los atentados, que permitieron condenar a los cabecillas de ese abigarrado comando de islamistas descreídos, aparecen ahora como surgidos de otra dimensión, refutando los principios más sólidos de las leyes de la física, de la química y, sobre todo, de la ética judicial. Las peripecias de algunos testigos protegidos, que no tenían nada de lo primero y acabaron teniendo todo de lo segundo, son buena prueba de ello.

Paralelamente, la asociación civil que ha sostenido todo este tiempo el frente judicial para esclarecer lo que realmente ocurrió aquel once de marzo languidece sin apenas fondos con los que mantener su actividad. Consecuencia de la crisis, dicen, pero sin aclarar si se refieren a la carencia de fondos públicos o a la escasez de dignidad política, mucho más grave que las dificultades financieras ganadas a pulso por los mismos que hoy niegan a esa asociación unos recursos que no les pertenecen.

Las asociaciones civiles deben financiarse estrictamente con las aportaciones de sus miembros y simpatizantes, pero en un sistema político como el nuestro, basado en la subvención y el trinque presupuestario, las ayudas públicas a instituciones como las asociaciones de víctimas deberían ser las últimas en desaparecer de los boletines oficiales.

Si desde la marcha de la sabia egabrense hemos llegado al consenso de que el dinero público pertenece a los ciudadanos, no estaría de más que los políticos en ejercicio hicieran honor a la petición expresa de una gran parte de esos contribuyentes, que prefiere que su dinero vaya a entidades como las asociaciones de víctimas de todo tipo de terrorismo. Visto desde la perspectiva de la codificación presupuestaria, en última instancia estas aportaciones de fondos públicos no dejarían de ser una inversión en I+D. Integridad + Dignidad.